ALJIBE DE LA VIEJA Un lugar lleno de leyendas

ALJIBE DE LA VIEJA

ALJIBE DE LA VIEJA

En un paseo por las intrincadas callejuelas que conforman el barrio del Albacín, podrás descubrir más de una veintena de aljibes que se construyeron durante la dominación árabe. Estas pequeñas obras hidráulicas construidas a partir del siglo XI, se levantaron junto a los oratorios o las mezquitas.

El Albaicín contaba a finales del siglo XV, con 64 oratorios musulmanes, de los cuales, 50 eran mezquitas y 14 eran rábitas. Estos datos, nos pueden dar una idea del número de aljibes con los que contaba el barrio. Es de suponer, por tanto, que se construyeron muchos más aljibes de los veintiocho que quedan hoy en día.

En la parte alta del Albaicín, en el entorno de la Iglesia de San Luis se encuentran varios aljibes. Conocidos son el de San Luis, el de la Cruz de Piedra, el de Los Abades, o el del Paso, sin embargo, uno de nuestros preferidos tanto por su situación geográfica como por la leyenda que se cierne en torno a él, es el Aljibe de la Vieja.

El Aljibe de la Vieja se localiza en una coqueta placeta rodeada de cármenes, donde posiblemente se encontrara la rábita o la mezquita llamada del Olivo o Azeituna (Yami’ al-Zaytuna). El Aljibe tiene capacidad para albergar 31 metros cúbicos de agua (31.000 litros). Consta de un depósito de una sola nave de planta rectangular, con una bóveda esquifada cortada perpendicularmente por otra de cañón. Tiene unas dimensiones de casi 5 metros de longitud, una anchura de 2,35 metros y sobrepasa escasamente los 4 metros de alto. Su interior conserva parte del enlucido original de color rojizo, característicos de los aljibes árabes del Albaicín. También conserva en gran parte de las bóvedas y muros un enfoscado de mortero de cal blanca.

Alzado y planta - Aljibe de la Vieja o de la Rábita

Alzado y planta – Aljibe de la Vieja o de la Rábita

Su portada se remodeló en los años 80 del pasado siglo. Presenta un arco de herradura apuntado y un pequeño tramo abovedado donde se ubica la boca, con forma de arco rebajado.

El aljibe de la Vieja se alimenta de uno de los ramales secundarios de la acequia de Aynadamar. Concretamente tomaba las aguas del Ramal de San Luis, que se surtía directamente desde el estanque del Manflor. El ramal corría paralelo al caudal principal, entraba por la Puerta de Fajalauza, alimentando los aljibes de la Cruz de Piedra, y San Luis, dividiéndose a la derecha, un poco más adelante de este último, para llenar el Aljibe de la Vieja.

En torno al aljibe de la Vieja se cierne una antigua leyenda, que proviene de la época de los templarios, y que se cuenta en Granada desde el siglo XVII. Esta leyenda, con la misma trama pero protagonizada por distintos personajes y árboles, se repite a lo largo de la geografía española. En Asturias, es conocida como “El peral de la tía Miseria”, en Valencia como el “El leñador de Fortaleny” y “El Dragón de Barbazachar y la Higuera mágica del Temple”.

La higuera es el árbol más repetido en estas leyendas, por considerarse desde la antigüedad como árbol sagrado, y sus frutos como mágicos.

Leyenda del Aljibe de la Vieja

El aljibe se situaba junto a un huerto, cuya dueña era María Tomillo. La señora vigilaba noche y día, una higuera de su huerto, que daba unos frutos muy dulces y deliciosos, que intentaban robar siempre que la dueña se despistaba. Sin embargo, todo aquel que se osara robar uno solo de los higos de María Tomillo, moriría al probarlo.

Era tal el celo que María tenía en torno a su higuera, que se dice que llegó a invocar al mismísimo Diablo, vendiéndole su alma, a cambio de preservar sus higos. El diablo los convirtió en higos de sabor amargo, para que nadie se atrevería a robarle nunca más. Al poco tiempo, fue hallada la señora sin vida junto a su higuera, y fue a partir de ese momento, cuando empezaron a propagarse ciertas habladurías.

Se decía que tras el tañir de la campanada de la Torre de la Vela que anunciaba la media noche, se escuchaban gritos provenientes del antiguo huerto. Los chicos más valientes que se acercaban por allí, aseguraban que se veía al fantasma de María Tomillo danzando y cantando alrededor de la higuera, mientras que del árbol salían frutos de oro y diamantes. Cuando la noche dejaba paso al día, la mujer se transformaba en lechuza y desaparecía atravesando el aljibe de la vieja.

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