CAMINO DE LOS NEVEROS

CAMINO DE LOS NEVEROS

CAMINO DE LOS NEVEROS

Uno de los itinerarios históricos que no pueden faltar en nuestra mochila, es partir desde Granada, por el Camino de los Neveros, e intentar llegar 22 kilómetros más adelante, cerca del Centro de Visitantes “El Dornajo”. Esta senda ha sido transitada incansablemente, desde el siglo XVI, por las personas que subían a la Sierra en busca de nieve. 

Pero, no te agobies, tampoco hay que hacer el recorrido completo. Recuerda que lo importante no es llegar, sino el hecho de caminar por la senda conociendo su historia. A eso último nosotros te ayudamos.

Camino de los neveros

Breve historia sobre el uso de la nieve.

La utilización de el hielo para enfriar y conservar alimentos ya se hacía desde el Paleolítico. Es en la época romana cuando se constata documentalmente, en nuestro país, el uso de la nieve como método para enfriar bebidas, especialmente la cerveza. Séneca, a quien no le gustaba mucho el frío censuró que, en la ciudad de Córdoba, la gente tenía costumbre de enfriar las bebidas con nieve, no solo en verano sino también en invierno.

SIERRA NEVADA

SIERRA NEVADA

El hielo se convirtió en un artículo de lujo en todo el arco mediterráneo y Asia. El sumun de la opulencia gastronómica era presentar postres y frutas cubiertos por una generosa capa de hielo picado. 

La nieve, tenía también usos terapéuticos, mitigaba algunas enfermedades y dolencias. Durante la dominación árabe se utilizó para rebajar fiebres, aliviar los efectos del asma, o como antiinflamatorio. 

“Si la herida sangra / el sosiego procura y refresca /con hielo, vinagre y agua fresca”, comentó, en el siglo XIV, el polígrafo granadino Ibn al-Khatıb.

NEVERO - HAZA DE SAN GERÓNIMO

NEVERO – HAZA DE SAN GERÓNIMO

Pero además, el hielo, se empleaba en cuestiones más banales como eran refrescar las casas de los ricos, o transportar alimentos en trayectos larguísimos. Hay documentos que narran que, desde el siglo VIII, los melones de Asia central eran exportados hasta la corte del califa de Bagdad, en cofres de plomo rellenos de hielo. La fruta alcanzaba valores astronómicos.

Aunque, en la península ibérica, no queden registros escritos sobre el comercio de la nieve antes de la conquista castellana, los investigadores piensan que el trasiego y la venta de nieve en lugares alejados de las montañas fue importada de los árabes. Son tantos los neveros, y ventisqueros documentados en nuestro país a partir del siglo XVI, que es difícil de imaginar que todos fuesen construidos en esa época, o que en Granada, a los pies de Sierra Nevada, no hubiese existido un comercio de hielo, hasta la entrada de los Reyes Católicos.

Las pocas referencias al uso del hielo en Granada nos las  dan cronistas castellanos en épocas cercanas a la toma de la ciudad.

Alonso de Palencia en su Guerra de Granada cuenta: 

“Los Reyes de Granada, por auctoridad Real, usavan en los meses de gran calor y Estío, bever las Aguas que bevían, enfriadas con Nieve”

El uso de la nieve tras la conquista castellana

NEVERO - PEÑONES DE SAN FRANCISCO

NEVERO – PEÑONES DE SAN FRANCISCO

En el Renacimiento surgieron numerosos tratados sobre los usos terapéuticos y culinarios de la nieve, y también de como conservarla más tiempo. Monardes, en el siglo XVI, o Herrero García decían que el uso de la nieve estaba tan extendido que todas las casas contaban con sistemas para conservarla. Una afirmación algo exagerada pero que nos puede hacer una idea de la magnitud del comercio de la nieve en España. Muchos pueblos contaron con almacén o pozos de nieve públicos.

En el siglo XVII el comercio de la nieve estaba perfectamente organizado, y aunque nos pueda parecer extraño, la nieve se cosechaba.

Las labores comenzaban en octubre o noviembre. Se recogía leña, matas y se acondicionaban los pozos donde posteriormente se almacenaba la nieve. En el momento en que había caído abundante nieve, se subía de nuevo a la sierra. Cada pozo tenía delimitado su radio de acción. Los trabajadores recogían, con palas, la nieve acumulada cerca del pozo, y en grandes capachos la transportaban al interior. Allí era compactada mediante presión con mazos especiales, o pisando encima. Una vez el pozo estaba acolmatado se cubría con paja y ramas, e incluso, se hacía un sistema de puertas. La fuerte presión ejercida en la nieve durante la cosecha, provocaba que se endureciera extraordinariamente. La nieve de un pozo bien hecho podía durar entre seis y ocho años. 

Para extraerla había que picarla, y una vez fuera del pozo, se volvía a golpear para compactarla nuevamente. Los bloques de hielo se envolvían en mantas, y se cubrían con paja antes de ser subidos a las bestias de carga, que las llevaban a la ciudad. La extracción de la nieve se realizaba durante todo el año. La “temporada alta” coincidía con los meses de más calor, entre mayo y septiembre. El precio de la nieve subía considerablemente. 

Tres eran los grupos de trabajadores que faenaban en los pozos y ventisqueros. Por un lado estaban los que realizaban las labores de preparación de los pozos, fundamentalmente campesinos y jornaleros agrícolas. Otros, los arrieros, eran los encargados de transportar la nieve hasta la capital. Había un guarda que vivía cerca de los pozos y llevaba un control del estado y de la cantidad de nieve que salía de cada pozo. 

Por encima de ellos estaban los arrendadores, quienes tenían licencia municipal para vender la nieve en la ciudad.

Comercio de la nieve en Granada

Granada se convirtió en el primer centro de consumo de nieve de Andalucía. La proximidad de Sierra Nevada, donde existían ventisqueros de nieves, permitía venderla muy barata y exportarla. Su consumo se popularizó para refrescar bebidas, conservar alimentos, y para usos medicinales.

En el siglo XVI el Concejo de Granada organizó y subastó la explotación y el comercio de la nieve en la ciudad, y se convirtió en un lucrativo negocio. La nieve era transportada por los neveros de Güéjar Sierra, Monachil y Huétor Vega, y era depositada en la Casa de la Nieve, desde donde el arrendatario del ramo la distribuía, vendiéndose a un precio tasado.

SIERRA NEVADA

SIERRA NEVADA

Cada animal podía acarrear hasta unos 200 kilos de nieve en cada viaje. De esta cantidad se perdía entre un 40 y un 50% aproximadamente. El trayecto se realizaba evitando las horas de más calor. Salían de la Sierra al atardecer y llegaban a Granada al amanecer.

En el siglo XVII ya estaba regularizado el comercio de la nieve en Granada. En 1604 se le encargó a Diego Ruiz el abastecimiento de la nieve en la capital. Posteriormente, en 1614 se señalaron los lugares oficiales donde se podía vender la nieve. Tres años más tarde, en 1617, se organizó el comercio de la nieve, y fue persistiendo de la misma forma hasta el último cuarto del siglo XIX. En 1879 el ayuntamiento de Granada vendió a perpetuidad, por 125.000 pesetas, el derecho a extraer y vender la nieve de Sierra Nevada en régimen de monopolio a Diego García del Real, quien llevó la negociación con el capital de Antonio Francisco Fernández y Francisco Fernández Sánchez. Se hizo mediante una subasta y se reflejó en escritura pública. A partir de este contrato, la explotación de la nieve estuvo bajo control privado. Esta actividad se desarrolló hasta 1922, cuando los herederos de Diego García establecieron una fábrica de hielo en la ciudad, y dejó de tener sentido la actividad de los neveros. Solamente se retomó parcialmente entre 1945 y 1950 durante las restricciones eléctricas de la posguerra civil.

NEVERO - HAZA DE SAN GERÓNIMO 2

NEVERO – HAZA DE SAN GERÓNIMO

El día de Santiago de 1950 fue la última vez que se bajo nieve de la Sierra con fines comerciales.

El camino de los Neveros comienza en el Puente Verde y se dirige al barrio de la Bola de Oro por la avenida de Cervantes, las Conejeras y los Rebites, hasta las tierras del Contadero y la Raya. De ahí sube por la cuesta de los Desmayos, pasa por la Fuente de Los Neveros, el Purche, las Sabinas, las faldas del Dornajo, llegando hasta la base del Veleta, en la zona de los Peñones de San Francisco.

Para finalizar dejamos esta reseña de Washington Irving, en la Leyenda del astrólogo árabe:

-Aquéllas, señor, son las hogueras que encienden los neveros que abastecen de hielo a Granada. Suben a la Sierra todas las tardes con mulos y pollinos, y turnan, descansando unos, calentándose con lumbres, mientras que otros llenan los serones de nieve. Después bajan de la Sierra y llegan a las puertas de Granada antes de la salida del sol.

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