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CARMEN DE RONCONI Lugar de artistas y bohemios

CARMEN DE RONCONI

CARMEN DE RONCONI

Sin dejar el barrio de la Antequeruela nos asomamos al carmen de Ronconi, uno de los inmuebles más singulares de la zona, situado entre el callejón Niño del Royo y la Cuesta del Realejo. Frente al carmen se encuentra el que fue estudio del pintor Mariano Fortuny, el Hotel Alhambra Palace y el carmen de Peñapartida. 

El nombre de carmen de Ronconi se debe a que aquí fijó su residencia Giorgio Ronconi, uno de los barítonos  italianos más conocidos del siglo XIX. 

Giorgio Ronconi

Giorgio Ronconi nació en Milán, el 6 de agosto de 1810, en el seno de una familia de consagrados músicos. Su padre Domenico Ronconi, un destacado tenor, fue su maestro de canto.

Giorgio o Jorge como se le llamaba en Granada, debutó a los 20 años, en el estreno de la ópera de Bellini La straniera, en el Teatro de Pavía. Recorrió gran parte de Europa representando, sobre todo, óperas de Verdi, de quien era buen amigo. 

No fue hasta 1846 cuando nuestro país pudo escuchar la magnífica voz de un Ronconi, ya consagrado, en el Teatro Circo que dirigía el granadino Francisco Salas. En 1850 regresó a Madrid para la inauguración del Teatro Real. Un par de años más tarde “El barítono de la Antequeruela”, visitó Granada, ciudad de moda en aquella época, para cantar en el Teatro Principal. 

CARMEN DE RONCONI

CARMEN DE RONCONI

Recordemos que las calles de Granada y sus monumentos se llenaron, desde principios del siglo XIX, de “viajeros románticos”, artistas y bohemios, llegados de todas partes de Europa, intentando captar la esencia misma de la ciudad. 

Ronconi quedó tan impresionado por la belleza de Granada, por su luz, por su historia, y por el contraste de la blancura de la Sierra con el verdor de la vega, que decidió fijar, desde 1852 hasta 1863, su residencia en “Graná”. 

Apenas tardó unos meses en encontrar un lugar a su gusto, cerca del palacio nazarí, con unas maravillosas vistas al Veleta, al Mulhacén, y a la vega granadina.

Adquirió el precioso carmen de Buenavista, que desde entonces nadie volverá a recordar con ese nombre, sino con el de Ronconi. 

Nada más asentarse en Granada, se puso a descubrir y participar en la vida cultural de la época. Primero en la casa del músico Mariano Vázquez, situada en el número 16 de la calle Recogidas, y poco más tarde, con el grupo “La Cuerda Granadina”.

La Cuerda Granadina era un grupo de intelectuales algo alocados y rebeldes, donde la guasa y el buen humor eran parte esencial del mismo. 

Los miembros de La Cuerda se denominaban Nudos y cada uno tenía su mote, el de Ronconi era el “Ropones”, apodo que se le daba a un “cantaor” popular, ya retirado  y al que le gustaba beber más de la cuenta.

Entre los miembros de la Cuerda y sus motes encontramos a Pedro Antonio de Alarcón (Mojama), Mariano Vázquez (el maestro Puerta), Pablo Jiménez (Velones), Juan Riaño (London), José Moreno Nieto (El Maestrico), Manuel Moreno González (Bizot),…

GIRGIO RONCONI

GIRGIO RONCONI

Los tres centros principales de reunión de “La Cuerda” eran el carmen de Ronconi, la Fonda de San Francisco en la Alhambra, y la casa de Mariano Vázquez.

Entre las visitas ilustres que tuvo el carmen de Ronconi, además de buena parte de la intelectualidad de la época, estuvo la del príncipe Adalberto de Baviera. La noche que visitó el monarca al barítono, La Cuerda organizó una gran fiesta donde el preludio fue una sesión de música clásica, y el plato fuerte un espectáculo de música popular donde todos salieron a bailar fandangos.

Otro de los ilustres amigos de Giorgio, que visitó su carmen, fue el compositor Verdi. 

El buen humor de Ronconi quedó más que patente cuando invitó a todos sus amigos de la Cuerda a “un espléndido banquete, donde los ricos manjares estaban ocultos bajo una espesa capa de cebada”, cuenta el periódico el Defensor de Granada. 

Ronconi fue también un excelente promotor de las delicias granadinas. Cuando veía ocasión regalaba jamones de Trevélez a sus amigos. El compositor Rossini recibió en más de una ocasión estos jamones. Cuando a Rossini se le acababan los jamones de Trevélez, le mandaba una carta, a Ronconi, diciendo que se le habían acabado los violines y que “L´orchestra non sonna”. El cantante lírico le volvía a mandar una remesa de jamones de distintos tamaños, “violines y violas”. La Cuerda a su vez mandó chorizos y longanizas de Montefrío, “Arcos y pez, para que sonara la orquesta”.

“Jorge Ronconi” regresaba a Granada cuando podía, y cuando sus contratos artísticos lo permitían. Fue una persona caritativa y de gran carisma. 

Donó importantes cuantías para labores humanitarias, entre ellas a favor del Asilo de Mendicidad. Organizó funciones caritativas y costeó una enfermería completa con más de 40 camas para la lucha contra el cólera, enfermedad que hizo estragos en la ciudad a mediados del XIX.

Antes de estallar la guerra con Marruecos, la guarnición de Melilla tuvo una retirada nefasta, en la que murieron muchos granadinos. Ronconi organizó una función benéfica en la que se representó Nabuco. 

Tenía fuertes ideas liberales, de hecho, en 1855, en el aniversario de Mariana Pineda, canceló todos sus contratos, para poder cantar y participar en las misas y vigilias que se celebrarían en Granada en recuerdo de la heroína. 

GIRGIO RONCONI 1860

GIRGIO RONCONI 1860

En 1861 fundó en Granada la Escuela de Canto y Declamación Isabel II. El objetivo de Ronconi era instaurar un centro profesional de música, donde formar a jóvenes de ambos sexos con facultades para el canto, y apadrinar en el inicio de su carrera artística a aquellos más brillantes. Este ambicioso proyecto se vio truncado en 1864. Las razones de esta clausura se debieron, probablemente, a conflictos de intereses entre el barítono y el empresario del teatro del Campillo, Ramón Carsi, cuyo local era utilizado por los alumnos de la Escuela para ofrecer sus ensayos. El propio Giorgio Ronconi tuvo que escribir una larga carta: “Cuatro palabras al público de Granada, sobre la historia y disolución de la Escuela de Canto y Declamación Isabel II”, para dar sus explicaciones.

El robo y la quiebra del Monte de Piedad de Granada, donde Ronconi tenía depositada una fuerte suma de dinero, fue para él un gran varapalo económico. Se marchó a Madrid, con intención de abandonar España. Finalmente decidió quedarse, con el apoyo de su inestimable amigo Pedro Antonio de Alarcón y de todos los miembros de la Cuerda. En Madrid trabajó como profesor del conservatorio, y dando clases particulares. 

A pesar de las duras condiciones económicas en las que vivía el barítono, siempre ayudó en lo que podía. 

Lo único que le quedaba ahorrado eran 20.000 duros, de los que no dudó en dar 16.000 a la viuda de su hermano y a sus sobrinas. Pero una enfermedad que lo postró, sin poder moverse durante siete años, acabó con lo poco que le quedaba. Murió humildemente el 8 de enero de 1890. 

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