CASA DE LA DOCTRINA Conocida también como Colegio de Niños Moriscos

CASA DE LA DOCTRINA

CASA DE LA DOCTRINA

En la Calle Pagés frente a la Plaza Aliatar se encuentra la Casa de la Doctrina o Colegio de Niños Moriscos, un inmueble situado en pleno corazón del Albaicín, que a pesar de su historia, no cuenta con ningún cartel informativo en su fachada que nos avise de que estamos ante un edificio histórico.

Desde los primeros años posteriores a la conquista de Granada por parte de las tropas castellanas, las autoridades políticas y sobretodo las eclesiásticas, estaban preocupadas por la cantidad de moriscos que había en Granada. Para aumentar el número de conversiones voluntarias al cristianismo, se pensó establecer algunos centros de educación humana y religiosa, con el fin de instruir y adoctrinar a los jóvenes moriscos. El primero de todos estos centros se llamó Colegio de San Miguel. Allí los niños podían cursar Gramática, Artes y Teología.

Uno de los alumnos más destacados, del Colegio de San Miguel, fue el morisco Juan Albotodo, que tras graduarse como maestro en la Universidad de Granada se ordenó sacerdote de la compañía de Jesús, antes de 1557. Juan Albotodo, por su profundo conocimiento del árabe y sus miras en las catequesis de la población morisca, sería transcendental para el funcionamiento de la futura “Casa de la Doctrina”.

CASA DE LA DOCTRINA - COLEGIO DE LOS NIÑOS MORISCOS

CASA DE LA DOCTRINA – COLEGIO DE LOS NIÑOS MORISCOS

La amistad del arzobispo don Pedro Guerrero, con el padre jesuita Albotodo se fue fortaleciendo con el trato continuo, pues el arzobispo recurría a Albotodo como traductor del árabe y para que leyese los edictos de autos de fe de la Inquisición.

Juan Albotodo estuvo predicando la fe cristiana en los hospitales y cárceles de la Inquisición, donde consiguió que muchos moriscos se convirtieran al catolicismo, eso sí, antes de ser quemados…

Animados por el gran éxito del padre jesuita de origen morisco, el arzobispo Pedro Guerrero y los padres de la Compañía de Jesús, pensaron crear un centro de enseñanzas en el Albaicín, centro de la población morisca de Granada. Buscaron para ello una casa acorde a las necesidades, próxima a la Iglesia del Salvador y la de San Bartolomé.

La Casa de la Doctrina, del Albacín, se abrió el 5 de julio de 1559. Pronto comenzaron las “clases”, que eran totalmente gratuitas, abonando sólo las tasas académicas los alumnos de latinidad y humanidades. Los impulsores de esta escuela, tenían marcados tres objetivos claros. Primero, que los moriscos aprendiesen castellano. Segundo, predicar cristianismo en su lengua (árabe), y tercero, elegir a los moriscos más aventajados para que sirvieran de predicadores. Ellos, al igual de Juan Albotodo, enseñarían tanto en el Albaicín como en las cárceles, que estaban repletas de moriscos.

En la Casa de la Doctrina se aprendía todo de memoria, se empleaban tres horas por la mañana y tres por la tarde, para recibir las clases. Se colocaban los niños a un lado y las niñas a otro. Los más pobres y con oficio se iban tras las primeras horas de la mañana dedicadas a la doctrina cristiana, los demás, más de 200, eran instruidos en la lectura y escritura.

En 1560, tan solo un año después de inaugurar la Casa de la Doctrina, el inmueble contaba con más de 500 “morisquillos aprendiendo”, y 12 jesuitas que eran los enseñantes. Las personas que impartían clases se fue ampliando poco a poco, hasta llegar a una treintena, incluso hubo mujeres dando clases.

En los albores de la rebelión morisca de 1568 la Casa de la Doctrina, pasó por momentos delicados, y el centro cesó su actividad durante esos años.

El inmueble es un claro ejemplo de edificio mudéjar. La fachada se compone por una portada de ladrillo con arco apuntado enmarcado por alfiz y pequeños vanos dispuestos de modo irregular. Una galería se abre en la parte superior del inmueble y dispone de una torre en ángulo. Del interior destaca el patio porticado, de planta rectangular. De este patio solo se conserva el pórtico occidental, compuesto por pilastras de ladrillo y canes de acanto que sujetan una gran viga de madera, sobre la que descansa la galería superior, realizada en madera.

Sin duda, pasear por el barrio del Albaycín es uno de los mejores regalos que nos podemos tener, conocer la Casa de la Doctrina o Colegio de Niños Moriscos es un incentivo más para enamorarse de estos rincones.

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