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CASA DE LAS GALLINAS Una almunia construida en el siglo XII, para recreo de los monarcas árabes

ARCO - CASA DE LAS GALLINAS

ARCO – CASA DE LAS GALLINAS

A los reyes árabes, durante la dominación musulmana, les gustaba tener casas de recreo, a las afueras de la ciudad, llamadas almunias y en las que pasaban parte del verano. Conocidas son, por ejemplo, el Alcázar del Genil, y la Casa de la Marquesa, en la Zubia. Sin embargo, hay otra casa menos notoria, situada a unos 3 kilómetros de la capital granadina, y de la que apenas quedan restos, conocida como Casa de las Gallinas.

La Casa de las Gallinas se encuentra en la Lancha del Genil, justo debajo de las minas de oro. Esta almunia, dedicada a la cría de aves de corral, comunicaba con Granada por el Camino Real de Cenes, senda que discurría por el valle cercano a la Fuente de la Bicha. Una vez que llegaba a la capital, pasaba por la Puerta de la Loma. La vía discurría paralela a la Acequia Gorda y la Acequia del Cadí. 

La Casa de las Gallinas, tenía también comunicación directa con la Alhambra, las almunias de los Alijares y del Generalife, por medio de una senda que transitaba a media ladera. Este camino partía desde el extremo más oriental de la Alhambra, y tras pasar junto a los Alijares, bajaba hacia el Barranco Bermejo, y de allí se internaba en la Dehesa de la Casa de las Gallinas.

Referencias históricas de la Casa de las Gallinas 

De la Casa de las Gallinas hay algunas referencias escritas, casi todas de época castellana, y muy pocas realizadas antes de la llegada de los Reyes Católicos a Granada. Una de las citas árabes la hizo Ibn al-Jatib, en el siglo XIV, al mencionar una «Alquería del Huerto de las Gallinas». Pero, Ibn al-Jatib, no dejó constancia de dónde se situaba dicho pago. 

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ARCO – CASA DE LAS GALLINAS

Como la Casa de las Gallinas perteneció a los monarcas nazaríes, esta propiedad pasó a manos directas de los Reyes Católicos y los dominios de la Alhambra 

Las primeras referencias de la casa de Dār al-Wādī (Casa del Valle o del Río), o de las “Gallinas”, tras la conquista castellana, aparecen en una Real Cédula de junio de 1492, en la que se describen los bienes de los que se tuvo que ocupar Íñigo López de Mendoza, como Alcaide de La Alhambra.

Íñigo López de Mendoza, primer Marqués de Mondéjar y segundo Conde de Tendilla, cuenta que la Casa de las Gallinas disponía de mil fanegas de pan (cereal) y que en ella se criaban mil quinientas gallinas. El que se criaran tantas aves de corral, fue el origen del apelativo que se le dio al lugar en época castellana. Este sobrenombre lo reiteró, años más tarde Luis de Mármol y Carvajal, quien escribió diversas crónicas sobre los alzamientos de los moriscos en la segunda mitad del siglo XVI. En sus crónicas se lee, en relación a la Casa de las Gallinas: 

“Yendo pues el cerro abajo al río de Xenil (Genil), que cae de la otra parte hacia mediodía, estaba otro palacio, o casa de recreación, para criar aves de toda suerte, con su huerta y jardines, que se regaba con el agua del Genil, llamado Darluet, casa del río, y hoy, casa de las gallinas.”

Pero, la Casa de las Gallinas, no era solo una espectacular almunia de recreo, sino que era también una pequeña fortaleza. Francisco Bermúdez de Pedraza, a principios del siglo XVII, anotó: 

«la casa de las gallinas; que fue Castillo de los Reyes Moros, y es Alcaydia accesoria a la del Alhambra.» 

Luis de Carvajal, mencionó que en diciembre de 1599, cuatrocientos moriscos sublevados de Güéjar Sierra bajaron hasta la Casa de las Gallinas y, allí cerca, en el Cerro del Sol, los soldados cristianos al mando de Tello González, se enfrentaron a ellos.

Después de la expulsión de los moriscos, ya no hay más referencias a la Casa de las Gallinas hasta finales del siglo XVIII, cuando se nombra en varias guías de viajes. Eso sí, se limitan a copiar lo escrito en los siglos XVI y XVII.

A mediados del siglo XIX, José Francisco de Luque indicaba que la Casa de las Gallinas ya no era de la jurisdicción accesoria a la Alhambra, sino que estaba en manos particulares. 

En 1867, Manuel Gómez-Moreno González se acercó a la Casa de las Gallinas, y fue el primero en realizar una descripción de lo que quedaba del inmueble árabe: 

Lo que queda de este edificio se reduce, a una construcción del siglo XVI, y que sirve de casa de labor.

A la parte poniente de esta construcción y unida a ella, se encuentra lo que queda de labor árabe, y consiste en una galería; que por la parte que mira al río tiene un arco de piedra de forma de herradura, y cuyo escalón está a bastante altura del pavimento de este lado. (…) 

Por debajo de este edificio en dirección al río hay una gran extensión de terreno, que llega casi al borde de la meseta, donde dijimos que se asentaba el edificio, todo lleno de ruinas en los que se ven muros destruidos y que indican un gran edificio.

Por la parte arriba de la casa, se ven unas albarradas paralelas a ella, y al parecer de obra de moros; formando anchas paratas como para jardines; extendiéndose por la parte de Oriente, hasta un barranco que está a la derecha.

Por la parte de Oriente (…) y cerro arriba hay una noria en muy buen estado.

Se encuentra diseminado por todos estos lugares muchas tejas y trozos de ladrillos, de vasijas y de azulejos.

El arco del que habla Gómez-Moreno, de la Casa de las Gallinas, fue desmontado a finales del siglo XIX, trasladado y reconstruido en su localización actual, por los propietarios de la explotación minera del Hoyo de la Campana. Eso sí, le añadieron algunos elementos historicistas típicos de la época. Este arco fue la portada de entrada a la fábrica de la explotación de arenas auríferas de Jean Bautiste Michel Adolphe Goupil, y es el único elemento que queda en pie de la Casa de las Gallinas.

 

 

En el registro de la “Mina de la Noria”, que se hizo a mediados del siglo XIX, se afirma que en el terreno hay una “mina antigua, de tiempo inmemorial, que se encuentra abandonada sin saberse su nombre ni dueño, conocida por la Noria, al parecer aurífera, igual que (…) en el Aljibe de la Lluvia”.

Esta Noria, es la que describe Gómez-Moreno, y probablemente fuese un pozo hidráulico de época medieval, relacionado con la Dār al-Wādī.

Tanto la creación de las diversas explotaciones mineras, como del lavadero de oro, enterraron los pocos vestigios de la Casa de las Gallinas, hasta que María Chávet Lozoya y Rubén Sánchez Gallego, realizaron, en 2005, una intervención arqueológica, sacando a la luz “abundantes restos de construcciones que en su inmensa mayoría pertenecen a viviendas, tramos de calles empedradas, muros de aterrazamiento, muros de parata o ajardinamiento, un complejo hidráulico, un molino y una estructura defensiva interpretada como muralla.”

Entre las conclusiones obtenidas por estos investigadores señalamos que:

Todo el conjunto que se ha documentado, parece corresponder a un complejo de carácter residencial, que sufrió remodelaciones a lo largo del tiempo, pero sin perder su carácter fundacional, identificándose varios momentos de ocupación, siendo los más significativos los correspondientes a la etapa islámica: una fase inicial de construcción del complejo en época Almohade (siglo XII), y una fase posterior de ocupación en época Nazarí.

En la Casa de las Gallinas, se documenta un recinto fortificado que articula dos espacios, por un lado el defensivo y residencial de la persona que encarnaba el poder sobre el territorio dependiente de él; y por otro el de producción y viviendas del personal encargado de dichas labores.

Bibliografía principal:

  • INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN DAR AL-WADI O CASA DE LAS GALLINAS, GRANADA Autores: María Chávet Lozoya y Rubén Sánchez Gallego
  • SOBRE EL EMPLAZAMIENTO DE LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE LA CASA DE LAS GALLINAS LUIS – Autor: José García Pulido

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