CONVENTO DE SANTA CATALINA DE SENA Fundado en la primera mitad del siglo XVI

CONVENTO DE SANTA CATALINA DE SENA

CONVENTO DE SANTA CATALINA DE SENA

Justo detrás del Pilar de la Cuesta del Realejo se sitúa uno de los edificios religiosos que más se mimetizan con el entorno, nos referimos al Convento de Santa Catalina de Sena o de Siena. 

Tras la toma de Granada, comenzó una nueva política cristianizadora en el reino castellano. Esto llevó aparejado que aparecieran un auténtico maremagnum de conventos, iglesias y monasterios en la ciudad, aprovechando en un primer momento las mezquitas, cármenes y casas árabes ya preexistentes, como es el caso que hoy nos ocupa.

Fue hace poco más de 500 años, exáctamente el 7 de mayo del año de 1514, cuando Fray Alonso de Loaisa dio permiso en el convento de Santa Cruz la Real de Granada, a un grupo de monjas de Alcalá la Real que deseaban asentarse en el Realejo bajo la orden de Santo Domingo. Esta autorización, la convirtió Juana I de Castilla (La Loca) en una real cédula que firmó su padre Fernando II. Certificándose así la fundación del Monasterio de Santa Catalina de Sena en el barrio del Realejo. A partir de aquel permiso, las monjas dominicas consiguieron el beneplácito para fundar un monasterio en la Cuesta del Realejo.

Tanto Gallego Burín como Gómez Moreno y anteriormente Pascual Madoz, indicaron que los principales patrones fueron los Duques de Arcos, sin embargo, hay documentos que señalan a Don Jerónimo de Montalvo como patrono-fundador, y uno de los mecenas principales del convento de  las religiosas dominicas.

El Convento de Santa Catalina de Siena del Realejo, fue el sexto convento de la ciudad. Las monjas se trasladaron a la actual ubicación en 1530. Barrios Rozúa, nos cuenta que, para ello ocuparon unas casas nazaríes, que más o menos transformadas, quedaron como parte del convento, incluso después de construirse las nuevas dependencias en el siglo XVI. De hecho queda alguna decoración arábiga en una de las habitaciones.

La antigua iglesia debió desaparecer casi en su totalidad en un incendio, ya que durante unas obras de consolidación del conjunto, apareció el arco apuntado de ladrillo, muy tiznado, que separaría el presbiterio.

Durante la invasión francesa el Convento de Santa Catalina de Sena fue saqueado, como tantos otros. Tras las dos desamortizaciones producidas en el siglo XIX, este inmueble pasó a ser uno de los refugios de religiosos de otros conventos suprimidos. Aquí recalaron por ejemplo las monjas del Convento de agustinas recoletas del Corpus Christi, hoy Iglesia de la Magdalena.

CONVENTO DE SANTA CATALINA DE SENA Foto:Googlemaps

CONVENTO DE SANTA CATALINA DE SENA Foto:Googlemaps

El Convento contó con una campana fechada en 1.118 con la siguiente inscripción, ”Laúdate Dominum in cymbalis benesonantibus”, pero fue refundida en los últimos años del siglo XIX.

Del exterior del convento lo más destacable es su portada principal, adintelada y sencilla, decorada con un escudo de la Orden con la leyenda Veritas, un rosario, una palma y una ramita de olivo.

A través del zaguán, cubierto con un espectacular alfarje de madera, se accede a un patio claustral porticado, en sus caras Oeste y Este, compuesto de arcos de medio punto y columnas toscanas. Las estancias están distribuidas en torno al patio. Entre ellas destaca una sala de gran tamaño, cubierta por un armazón troncopiramidal, con exquisitas lacerías mudéjares, que alterna motivos de aspas y estrellas. 

La torre es uno de los elementos a destacar del Convento de Santa Catalina de Sena. Es de planta cuadrada, de fábrica de ladrillo revestido, y se cubre con tejado a cuatro aguas. La torre se sitúa en la esquina del inmueble que abre hacia la Cuesta del Realejo, elevándose dos plantas por encima de los tejados del edificio. En cada planta se abren vanos en forma de arcos de medio punto, cerrados por rejería de forja.

 María José Collado Ruiz en su tesis doctoral describe:

La iglesia que tienen ahora las dominicas se levantó a principios del siglo XX bajo el patrocino de los Marqueses de Casablanca. Este sencillo edificio tiene en su única nave una lápida con los nombres de los ocupantes de la bóveda funeraria que queda justo debajo, y que hasta hace muy pocos años seguía acogiendo los cadáveres de los miembros de esta familia. Que por otro lado, con esta obra no hace más que renovar el antiguo compromiso establecido a finales del siglo XVI con su primer patrón, de quien es descendiente Don Luis Maza de Mendoza y Montalvo, primer Marqués de Casablanca.

En la iglesia se conserva un órgano barroco datado en 1738, atribuida su construcción a los hermanos José y Pedro Furriel. El órgano procedía de la Capilla Real de Granada y fue adquirido por las Dominicas en el siglo XIX. El instrumento sufrió una profunda transformación en el año 1925, efectuada por el organero Pedro Ghys Guillemín. Posteriormente su sobrino Jesús Dougnac Moreno lo intervino en 1967.

El techo de la iglesia fue decorado a mediados del siglo XIX por el escenógrafo Manuel Montesinos, pero hoy en día esta decoración está oculta. El templo conserva varias obras de gran valor artístico, entre las que destacan los lienzos de la Transverberación de Santa Teresa, de Melchor de Guevara; una copia de la Purísima de Murillo, realizada por algún granadino; una estatua de la Virgen y el Niño, del siglo XVI, dos de los santos Evangelista y Bautista, de Pablo de Rojas, una Santa Juana de Arce, obra probablemente de Manuel González. 

Entre lo más curioso que se puede ver en el Convento de Santa Catalina de Sena del Realejo se encuentra un relicario, del siglo XVI, con espina y media de la “Corona de Espinas” de Jesucristo. La reliquia fue llevada al convento por Sor Juana de la Cruz, desde Roma y tras peregrinar por Tierra Santa.

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