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VÍA CRUCIS DE SAN ANTONIO Construida en 1661

Hornacina - Vía Crucis de San Antonio

Hornacina – VÍa Crucis de San Antonio

El Camino o Cuesta de San Antonio comienza en el barrio de San Ildefonso. Este camino se abrió en la primera mitad del siglo XVII, para comunicar la zona de las Eras de Cristo con el Convento de San Antonio de Padua y San Diego de Alcalá. En el numero 29 de dicha cuesta, podemos ver como adosado a la pared de un moderno edificio, se encuentra un elemento del siglo XVII que desentona con el inmueble. Se trata de una de las estaciones de la Vía Crucis de San Antonio de Padua y San Diego. Esta concretamente, fue realizada en 1661, corresponde a la II Estación, y representa a Jesús portando la Cruz.

Los viacrucis son vías sacras jalonadas por cruces, hornacinas y ermitas, en las que se hacían “paradas”. Su trazado requería, de las licencias eclesiásticas y municipales de la época. Estas vías sacras fueron la manera que tuvieron conventos para proyectarse fuera de sus límites, hasta distancias bastante considerables, sacralizando calles y caminos de la periferia. Hemos de recordar que muchos conventos se situaban a los extrarradios de las ciudades, y que vivían de la caridad de los ciudadanos. 

En Granada hubo varias vías sacras. Una era la del convento de San Antón Abad. Partía desde Puerta Real, recorría varias calles hasta cruzar el puente sobre el Genil, y se dirigía por la ribera del río hacia dos ermitas desde las que se dominaba toda la ciudad. Este viacrucis se realizaba en una popular Romería el día de San Antón. Las capillas de este itinerario se construyeron entre 1661 y 1667.

Otras vías sacras eran la de la Ciudadela de la Alhambra, la del Cerro del Aceituno o de San Miguel, la del Campo de los Mártires, y la del Sacromonte. 

El viacrucis de San Antonio de Padua y San Diego de Alcalá no conducía a los feligreses hacia sus ermitas sino al contrario. Los captaba en el entorno a la parroquia de San Ildefonso para llevarlos hasta su convento extramuros, hoy desaparecido. 

En las hornacinas, cruces y capillas erigidas por los conventos participaban, de manera activa, tanto cofradías, como gremios o particulares. Las hornacinas y cruces se iluminaban por la noche con farolillos o velas, así estos espacios también tenían la función de iluminar rincones oscuros, evitando que los delincuentes estuviesen a sus anchas por esos caminos. Daban una cierta sensación de seguridad y hasta de decoro, ya que las parejas no se apostaban en las cercanías a mostrar su apasionado amor. Las capillas, además, podían servir para celebrar misas al aire libre en las que frailes de los conventos tomaban la calle por unos instantes. Los frailes del convento de San Antonio de Padua y San Diego levantaron una pequeña capilla dedicada a San Antonio en la puerta de Fajalauza, la más próxima a su casa conventual, donde se oficiaban misas. 

El convento de San Antonio de Padua y San Diego de Alcalá, de franciscanos descalzos, fue levantado en 1636 gracias a las aportaciones del rico genovés Rolando Levanto. Cuenta Manuel Gómez-Moreno en su Guía de Granada que este convento tuvo, antes de ser destruido durante la invasión de las tropas francesas, magníficos cuadros de Alonso Cano, de Atanasio, y esculturas de José Mora, que fue sepultado en la misma iglesia.

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