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JARAPAS ALPUJARREÑAS Mareas de colores que inundan la Alpujarrra

TELAR UGÍJAR

TELAR UGÍJAR

Hoy en Ugíjar, tras callejear un poco disfrutando de las casas señoriales de la ciudad, llegamos hasta el Centro de Patrimonio Cultural de la Alpujarra. Allí, nada más atravesar la puerta, nos encontramos con un antiguo telar y unas jarapas a medio hacer. Este descubrimiento nos da pie a hablar hoy de las coloridas jarapas, uno de los elementos etnográficos más significativos de Granada, y que podemos ver tanto en las calles de la Alpujarra, como en las tiendas de artesanía de la provincia.

Las jarapas son las alfombras generalmente multicolores que están confeccionadas con tejidos gruesos, hechos de lana o trapos viejos retorcidos, con urdimbre de algodón o fibra sintética, y que se usan para elaborar alfombras, mantas, colchas, cortinas, etc.

La sencillez y gran versatilidad de las jarapas ha hecho  que se sigan fabricando de forma artesanal.

La elaboración y utilización de las jarapas ha pasado épocas duras, cayendo casi en el olvido en los años 50, debido a la entrada en el mercado de fibras textiles artificiales como en nylon. Pero gracias al tesón de algunas artesanas esta industria a seguido en pie.

JARAPA - ALPUJARRAS

JARAPA – ALPUJARRAS

El origen de la Jarapa se remonta al siglo XVI con la expulsión de la población morisca de la Alpujarra. Al parecer los telares usados por los árabes para tejer sedas, fueron adaptados y reutilizados por la población que se quedó en la zona. Años antes de las revueltas (1568-1571), y la posterior expulsión de los moriscos de la Alpujarra, esta comarca contaba con uno de los más importantes mercados de seda de España, aquí se registraban 4.000 telares, que fabricaban tafetanes, terciopelos y sargas.

Toda la industria artesanal árabe, decayó con la expulsión de los moriscos. Las tierras quedaron desiertas, los pueblos completamente aislados, y los campos donde se cultivaban moreras (alimento imprescindible para los gusanos de seda), fueron sustituidos por otros de carácter alimenticio. Dentro de este autoabastecimiento surgió una economía de desperdicio, aprovechando todo lo que era inservible para otros usos. Destacó la realización de los tejidos a base de “harapos”, que bien entretejidos se convertirían en “jarapas”.

La fabricación de las jarapas era una tarea reservada a las mujeres, y constituía un complemento a la economía doméstica. Por lo general, era la tejedora la que acudía a las casas de los vecinos, que les entregaban una buena cantidad de ovillos, formados de ropas y telas usadas. Una vez lavados y rajados al hilo, se hacían tiritas de unos quince milímetros de ancho, y se agrupaban en colores por medio de puntadas en los extremos. Del ovillo se obtenía el canillo, que se introducía en la lanzadera del telar, donde se trabajaba con una urdimbre de algodón. El resultado eran tejidos únicos de vivos colores.

JARAPA ALPUJARREÑA

JARAPA ALPUJARREÑA

La jarapa ha tenido diferentes usos que intentaban cubrir las necesidades del hogar.

Entre los usos domésticos servían como manta, cobertor, para ponerlas entre el colchón y el somier evitando así que los hierros del somier rompieran el colchón, a la vez que aislaban del frío. También la jarapa se usaba para tapar el pan y otros alimentos perecederos.

La jarapa, en el campo servía para ponerla encima de los mulos y caballos, para coger aceitunas, e incluso se utilizaba en la matanza

Hoy en día las jarapas se utilizan de muy diversas maneras, pero sobretodo como alfombras, y elementos decorativos. Actualmente la materia prima para elaborar la jarapa procede de restos de las fábricas textiles, y los bordes de tejido de algodón.

Dos curiosidades sobre las Jarapas

La Jarapa y los higos pasa.

Una vez recogidos y secos los higos sobre los terrados de launa de las casas alpujarreñas, los que no servían para vender se metían en “orones” (espuertas grandes de esparto), se les ponía una jarapa encima y se pisaban. Esto se hacía en luna menguante para que el higo no se pudriera ni criara gusanos. El proceso se repetía en la siguiente luna menguante, y así tres veces, moviendo y pisando los higos, y ya están listos para comer o guardar. Entre los días que hay entre una luna menguante y la siguiente, no se debían de mover ni tocar los higos.

Una foto de Rober Capa y la Jarapa 

Parece que en principio no tiene mucho que ver la famosa imagen, de un miliciano republicano alcanzado por un disparo en la Guerra Civil Española, tomada por el fotógrafo Robert Capa, y la Jarapa, ¿verdad?. Pues según el estudio del historiador Moisés Domínguez Núñez, si tiene que ver.

Moisés ha realizado un concienzudo estudio de la fotografía “Muerte de un miliciano”, una de las imágenes  de las que más se han escrito y especulado de la Guerra Civil. Según sus pesquisas la imagen no fue tomada en Cerro Muriano, un paraje de Córdoba,  sino en los campos de la localidad de Espejo.

FALTRIQUERA DE JARAPA- Muerte de un miliciano - Foto: Robert Capa

FALTRIQUERA DE JARAPA- Muerte de un miliciano – Foto: Robert Capa

La vestimenta del hombre abatido, es la típica de los trabajadores de la huerta, compuesta por una camisa blanca con botonadura negra, pantalón gris, alpargatas, pero, especialmente que el hombre lleva una faltriquera de jarapa, le han hecho pensar que este miliciano abatido es de Murcia, lugar donde también se fabrican estas piezas textiles.

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