LA CRUZ BLANCA DE SAN LÁZARO Frente al Hotel Vincci se encuentra esta antiquísima cruz de piedra.

CRUZ BLANCA DE SAN LÁZARO

CRUZ BLANCA DE SAN LÁZARO

En la Avenida Constitución, frente a la entrada del Hotel Vincci se encuentra una antiquísima cruz de piedra, que es conocida como La Cruz Blanca de San Lázaro o Cruz de San Lázaro.

A los pocos años de la llegada de los Reyes Católicos a Granada, se empiezan a erigir distintas cruces por la ciudad. Estas cruces, en su mayoría construidas en piedra, se colocaron en lugares especialmente representativos, puntos claves de la conquista de Granada y como homenaje a religiosos y militares. Pero siempre son exaltaciones de la fe católica.

La Cruz Blanca de San Lázaro, es una cruz de alabastro, de 4,20 metros de alto, que se sitúa sobre un sencillo pedestal. Se inauguró el 3 de mayo (Día de la Cruz) de 1625 y fue reedificada en 1752 y 1940. La cruz fue costeada gracias a las aportaciones de los vecinos del barrio de San Lázaro, y se encuentra labrada con la siguiente inscripción:

  • A ONRA Y / GLORIA DE / DIOS Y DE SU BEN / DITA MADRE / LOS BEZINOS / DE ESTE BARRIO
  • REEDIFYCARON ESTA SANTA CRUZ  AÑO DE 1625
  • A ONRA Y / GLORIA DE / DIOS Y SU BEN / DITA MADRE / LOS BEZINOS / DE ESTE BARRIO B / OLBIERON
  • A REEDIFYCAR ESTA SANTA CRUZ AÑO DE 1752.

Son varios motivos por los que se eligió este lugar para colocar la Cruz Blanca, entre ellos por ser paso de los féretros Reales, y marcar el límite jurisdiccional del barrio. Pero sin lugar a dudas lo que marca este lugar es su leyenda.

 La leyenda de La Cruz Blanca de San Lázaro.

CRUZ SAN LÁZARO

CRUZ SAN LÁZARO

La emperatriz doña Isabel de Portugal, mujer del Emperador Carlos, y madre de Felipe II, murió en Toledo el 1 de mayo de 1539  y su cadáver fue trasladado hasta la capilla Real de Granada.

El marqués de Lombay, heredero del ducado de Gandía, fue el encargado de acompañar los restos mortales de la emperatriz desde Toledo a Granada y hacer entrega del cadáver al clero de  la catedral.

Cerca ya de la población, al dar vista a la puerta de Elvi­ra, la comitiva hizo alto, y el Duque de Gandía abrió el ataúd para reconocer el cuerpo. En este acto estaban presentes el clero de la Catedral, el de la Real Capilla, y el reverendo arzobispo don Gaspar de Ávalos, además de representantes de la Real Chancillería y la Inquisi­ción.

El Duque de Gandía que todavía estaba enamorado de la emperatriz, fue consciente de lo efímera que es la vida, al abrir el ataúd para reconocer el cuerpo, la cara de la emperatriz estaba ya en mal estado y desfigurada, y allí donde se yergue hoy la Cruz Blanca de San Lázaro pronunció estas palabras. “Los años vuelan rápidos, y jamás volverán por el camino que recorren”. 

El cortejo fúnebre siguió su recorrido ya en la oscuridad de la noche y allá, en lo más alto, entre dorados vapores de las velas, el Duque de Gandía creyó ver aparecer la imagen de su adorada doña Isabel, no como últimamente la había visto, sino más radiante y más bella que en sus más felices días; envuelto su cuerpo en vaporosas nubes, trasfigurado y divinizado su dulcísimo sem­blante, y reflejándose en la sublime expresión de sus ojos, los célicos destellos de la bienaventuranza.

 Visita Salobreña

El Duque después de esta visión se desmayó y tuvo unas fuertes fiebres que pusieron en riesgo su vida. Poco tiempo después, abrazó la vida monástica; renunció a todos sus bienes, honores y títulos para vestir el hábito de Loyola, siendo el resto de su vida ejemplo de humildad, de virtud y de caridad cristiana: rehusó varias veces la púr­pura cardenalicia. Aquél que había sido el marqués de Lombay y duque de Gandía fue canonizado por el pontífice Clemente X, con el nombre de San Francisco de Borja.

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