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LOS INFIERNOS DE LOJA El infierno convertido en paraíso

INFIERNOS DE LOJA

INFIERNOS DE LOJA

A tan solo un par de kilómetros del casco urbano de Loja, se encuentra el monumento natural de los Infiernos de Loja, un bello enclave lleno de leyendas y donde hacer un alto en el camino, antes de proseguir con la visita turística por la zona.

Los Infiernos de Loja son una de las formaciones kársticas, situadas en el cauce del río Genil, que más ha embelesado a propios y extraños.

El cauce del río Genil a su salida por la Vega de Granada camino de Loja, tras regar fértiles tierras, se encuentra con un abrupto salto. Al precipitarse el agua, sobre los peñones azul-verdosos del fondo del cauce, forma entre una frondosa vegetación de ribera una bella cascada, conocida como Cola de Caballo. En este paraje el río se bifurca en varios saltos de agua, cuyas alturas oscilan entre los 8 y los 10 metros. Estos saltos de agua se nutren de la confluencia de los arroyos del Nieblín y la Viñuela. Al caer con fuerza, el agua ha ido horadando el suelo, hasta formar una profunda charca, conocida como poza de Las Chorreras, que sirve de hábitat, a anfibios, barbos, truchas, y crustáceos como el cangrejo de río. 

Sauces, chopos, olmos, rosales silvestres, y zarzamoras son fácilmente identificables en este enclave, desde la distancia.

Las espumosas aguas producen un hipnotismo difícil de olvidar, y el sonido al caer hace eco sobre la cueva que hay tras la cascada, que tiene una gruta de estalactitas y estalagmitas.

Este murmullo le sirvió a Washington Irving para fantasear sobre la oquedad, que llamó Cueva de la Moneda.

“Antros oscuros de Loja, cavernas tenebrosas con ríos subterráneos y cataratas que infunden pavor por su ruido misterioso: aseguran las gentes que en esas profundidades están, desde el tiempo de los moros, encerrados cientos de hombres, almas en pena ya, fabricantes de dinero para aumentar los tesoros que en ese mundo guardan los reyes de la morisma”

Washington Irving, Cuentos de la Alhambra – 1832

Buscando el origen del nombre Infiernos de Loja

Queremos conocer cuál es el origen del nombre de “Los infiernos”, de este espectacular salto de agua. La referencia más antigua que hemos encontrado, data de 1491, y aparece en el libro de los repartimientos de Loja, del cual dejamos una imagen. La letra de la época es bastante legible, no obstante escribimos la parte que nos interesa en un leguaje más actual.

LIBRO DE REPARTIMIENTO DE LOJA - 1491

LIBRO DE REPARTIMIENTO DE LOJA – 1491

“Don Fernando y Doña Isabel, comenzaron hacer repartimiento de las viñas y huertas que están revueltas, que hay en ellas muchos árboles frutales, desde la parte del Frontil, en la parte derecha del Pontón del Infierno, hasta la parte del Frontil Guada Genil abajo, hasta el final de dichas eredades.”

En los mismos repartimientos de tierras se nombra también un molino en el Pontón del Infierno, concedido a Álvaro de Luna, que linda con la cueva.

Puesto que, mucha de la toponimia utilizada durante la época árabe, se mantuvo tiempo después, suponemos que estas fantásticas cascadas se llamaron “Los infiernos”, desde antes que los castellanos repartieran, a los nuevos colonos, las tierras reconquistadas. 

Curiosidades de los Infiernos de Loja

En el siglo XIX, se ponía al mismo nivel la belleza natural a los Infiernos de Loja, con otras maravillas de nuestro país. 

En la revista la Avispa de 1890 se puede leer:

“A pesar del cuidado de aquellas autoridades concejiles la “Cascada d´Enfer”, tan decantada, no puede compararse con sus colegas del Monasterio de Piedra de Aragón, con la de San Miguel del Fay, en Cataluña y con los Infiernos de Loja, en Andalucía. Pero la moda es deidad demasiado distinguida, para llevar a sus devotos por los senderos cursis del patriotismo.”

Se realizaban excursiones a los Infiernos de Loja, donde los guías eran miembros de los clubs de alpinismo de la provincia.

Existía en el siglo XIX la frase popular de ¡Vete a los Infiernos de Loja!, que se decía sobre todo en Málaga  de forma despectiva, y que quería decir algo así como  Vete al quinto pino, a ver si te pierdes, o incluso algo más soez. 

INFIERNOS DE LOJA

INFIERNOS DE LOJA

En esa misma centuria se hizo popular el dicho de que “En los Infiernos de Loja, los diablos son de azúcar y sus llamas de meloja” (La Generación – 1861). En la frase se compara, a los diablos con las estalactitas y estalagmitas blanquecinas de la gruta, que el carbonato cálcico,  disuelto en las aguas, ha ido formando en la gruta, y a la meloja, una especie de mermelada hecha tradicionalmente con calabaza, miel y zumo de uvas, con las chorreras, que continuamente caen por sus paredes. Recordemos, además, que esta zona estuvo cultivada de viñas desde antes de la conquista castellana.

Además se utilizaban “Los Infiernos de Loja”, para referirse a lugares profundos con expresiones como “Han caído seis mil hombres en Los Infiernos de Loja”. También como la representación del averno en la tierra, con expresiones como: “van a decir hoy los periódicos neos que todos están ardiendo en los Infiernos…de Loja”. (Periodico Iberia 6 de Julio de 1861), o “pues hace un calor que ni en los infiernos de Loja”. (Lectura Dominical 1897).

Por el alto valor paisajístico, y la gran biodiversidad que habita en los Infiernos de Loja, entre ellas algunas plantas poco habituales, este enclave fue declarado Monumento Natural en 2003. 

Frente a la cascada se ha construido un estupendo mirador con paneles informativos. 

¡Qué hermoso es el infierno convertido en paraíso! comentaba, en 1912, Antonio Molina de Haro en un artículo que trataba sobre los Infiernos de Loja.

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