RELOJ DE SOL DE CASTRIL En la fachada de iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles

RELOJ DE SOL DE CASTRIL

RELOJ DE SOL DE CASTRIL

Granada es una provincia con una riqueza espectacular, en cada rincón encontraremos pequeños detalles que nos hacen amar esta tierra un poco más.

Este es el caso del pueblo de Castril, una pequeña localidad de la comarca de Huéscar que no nos deja de sorprender. Hoy queremos traer a colación el reloj solar vertical pintado de Castril.

Los relojes verticales son los más habituales que podemos encontrar en paredes de iglesias o casas antiguas. Es la forma más lógica de ubicar un reloj solar y además de colocarlo lejos del alcance de posibles actos vandálicos. La orientación ideal de la pared sobre la que se traza un reloj solar es la sur. Por una parte, recoge mayor número de horas de sol y, por otra, su trazado es mucho más sencillo. Este reloj suele recibir el nombre de reloj vertical orientado.

El reloj pintado de Castril está ubicado en la fachada del Sol de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, bajo la ventana lateral de la capilla mayor. Da nombre a la fachada y se pintó al temple en 1826. Debió sustituir a otro reloj destruido por los franceses en la Guerra de la Independencia.

El reloj de sol es un recuadro rectangular pintado, con una doble orla en rojo que alberga las horas en caracteres romanos: VIII y IX en el lado izquierdo, y del X al XIV en la base. El interior del rectángulo está cruzado por líneas en blanco que surgen de la varilla de apoyo, colocada en la parte central superior, y van hasta las horas marcadas en números romanos y las medias horas entre ellos, sin marcar.

En la parte superior del reloj de sol aparecen tres iniciales, posiblemente las de su promotor. “F. A[nto]nio. F. L.” y el año de 1826. En el lado izquierdo del reloj se encuentra, en el mismo tipo de letra, la A con una pequeña O en su centro y la fecha antes referida: 1826, enmarcada en un rectángulo de trazo fino negro.

Los relojes de sol, fueron excelentes auxiliares en el campo además de marcar otro ritmo de vida, más apaciguado y en armonía con la naturaleza. En cada pueblo imperaba la hora local, hasta que en 1900 se impuso la hora de Greenwich, y con ello los relojes mecánicos, la puntualidad, y tal como un periódico escribía en 1900 “el final de buena parte de la anarquía de otros tiempos”. Desde Rincones de Granada queremos con esta entrada hacer una reflexión sobre el vertiginoso ritmo de vida que llevamos.

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