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TORRE DE CUEVAS DE LUNA un monumento del que apenas quedan restos

TORRE CUEVAS DE LUNA

TORRE CUEVAS DE LUNA

La pedanía de Cuevas de Luna, se sitúa entre Benamaurel, pueblo al que pertenece, y el Cerro de Jabalcón. Esta zona arqueológicamente es muy rica. Cuenta con vestigios de épocas íbera, romana y alto medieval. Los yacimientos encontrados, en este área, nos muestran que, desde tiempos inmemoriales, los pueblos que se asentaron aquí supieron aprovechar el alto potencial de las las tierras que circundan el cerro de Jabalcón, dedicándose desde hace miles de años a la agricultura y la ganadería.

Entre los vestigios arquitectónicos más interesantes que podemos ver en Cuevas de Luna, se encuentran los restos de una torre de alquería, conocida como Torre de Cuevas de Luna.

Las torres de alquería no son estructuras propias de espacios fronterizos, pues su primera finalidad no era evitar la conquista, sino paliar los efectos de los ataques de las tropas enemigas. Las torres de alquería cumplirían por tanto una doble misión, por un lado de protección de la población rural, apoyando a castillos y atalayas en la vigilancia de los posibles ataques enemigos. Por otro, hacían de núcleo administrativo-territorial desde donde se centralizaba la producción y se recaudaban los tributos de sus respectivos distritos rurales o alquerías.

Estas torres son espacios articulados, compuestos por dos o más estructuras, que en más de una ocasión los castellanos asimilan a cortijos. Constan como elemento defensivo, de una torre de planta cuadrangular, realizada en tapial calicastrado o en mampostería, y una cerca o muro perimetral, cuya función sería la de acoger al ganado.
A pesar de que las torres de alquería podrían estar conectadas visualmente con fortalezas de mayor entidad como castillos o alcazabas, en la mayoría de los casos no existe una relación estrecha de protección entre los grandes espacios fortificados, ubicados cerca de los núcleos rurales, y la población de las alquerías. Generalmente, cuando las alquerías eran atacadas sus habitantes acudían a otro tipo de soluciones defensivas, que iban desde la huida del pueblo, hasta el encierro desesperado en los recintos fuertes de su población.

La Torre de Cuevas de Luna

KIKO EL BARBERO EN LA TORRE DE CUEVAS DE LUNA

KIKO EL BARBERO EN LA TORRE DE CUEVAS DE LUNA

La Torre de Cuevas de Luna se levantó probablemente entre finales del siglo XIV y principios del XV.
Es de planta rectangular, sus medidas son de 6,20 x 4,80 metros, correspondiendo la dimensión mayor a la orientación Noroeste-Sureste. Sus muros están construidos de tapial de cal y canto, de 55 centímetros de espesor. Su interior está relleno con tongadas de tierra y cal apisonada. Tiene cara en sus cuatro lados, estando enlucida con mortero de cal y color blanco. Conserva una altura total de unos 2 metros y se aprecian perfectamente algunos restos completos de las agujas del encofrado.

Poco se sabe del devenir de la Torre de Cuevas de Luna, pues en las crónicas castellanas del siglo XV, que narran el progreso de la conquista en esta zona, solo se detienen en contar la toma del Castillo de Benzalema y del Castillo de Benamaurel, que cayeron en manos castellanas en 1436. Años más tarde, se firmó una tregua que las tropas de Muhammad X deciden romper y recuperar las fortalezas de Benamaurel, Benzalema y Huéscar. En 1488 Benamaurel fue definitivamente tomada por los cristianos y a principios del siglo XVI se mandó que se destruyeran y desmocharan muchas de las torres. Suponemos que en esas fechas, o tras la expulsión definitiva de los moriscos, fue cuando la Torre de Cuevas de Luna dejó de tener su utilidad.

No podemos terminar este texto sin hacer un pequeño homenaje a Kiko “el barbero”, quien nos mostró, y acompañó hasta la torre.

A veces la vida te sorprende y te regala experiencias enriquecedoras que no se aprenden en los libros. Nuestra historia con la Torre de Cuevas de Luna, comienza cuando paramos el vehículo, a unos 500 metros de la torre, pero, por mucho que buscamos no dábamos con ella. Arreglando el parterre de su casa, se encontraba un afable señor, de esos con muchos años de experiencia a su espalda. Nos acercamos y le preguntamos por los restos de la torre árabe. En un principio no estaba por la labor de contarnos mucho, pero supongo que al ver nuestro interés arrancó y dijo que esos restos están en “un barbecho”, es más, nos invitó a que esperásemos, que él nos acompañaba. Nuestra alegría era máxima, si hay algo que nos gusta más que descubrir lugares con historia es conocer personas con vivencias. Tras unos minutos vimos salir a Kiko conduciendo un 4X4 y hasta nos asustamos ¿a ver por dónde nos iba a llevar?, pensamos  😉 . Seguimos el todoterreno no más de un par de minutos. Bajamos y continuamos cuesta arriba por un terraplén, quedamos sorprendidos que a sus 74 años, Kiko, se moviera como un mozo por equellas tierras. ¡¡Vaya vitalidad!!.

Kiko nos contó que fue peluquero rural desde pequeño, al igual que su padre. Los dos hace muchas décadas, iban recorriendo los pueblos de los alrededores de Benamaurel montados en bici para arreglar pelos a domicilio. Su trabajo le permitió conocer muchas historias, y leyendas relacionadas con los supuestos tesoros que dejaron escondidos los moros. También nos relató que sus abuelos le contaban que desde la Torre de Cueva de Luna, los musulmanes se comunicaban con el Castillo de Benzalema, la Torre de la Cañada y la Atalaya del Torrejón mediante señales luminosas.

La Torre de Cuevas de Luna está inscrita como Bien de Interés Cultural (B.I.C.)  desde 1985

Bibliografía principal:

  • Los espacios del poder en el medio rural: torres de alquería en el mundo nazarí. Autores: Adela Fábregas García y Raúl González Arévalo.
  • Inventario de arquitectura militar de la provincia de Granada. Siglos VIII al XVIII.

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