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TORRE DE HUÉLAGO Una fortificación nazarí de mediados del siglo XIV

TORRE DE HUÉLAGO

TORRE DE HUÉLAGO

No habíamos tenido oportunidad, hasta ahora, de acercarnos a Huélago, uno de los pueblos menos conocidos del altiplano granadino. El asentamiento humano, en el entorno de la localidad, se remonta a épocas prehistóricas, de hecho, son varios los abrigos en los que se pueden encontrar pinturas rupestres de tipo esquemático, de las que hablaremos otro día. Hoy queremos ver la Torre de Huélago, uno de los baluartes defensivos que se levantaron durante la dominación musulmana. Está integrada en el circuito defensivo de la Hoya de Guadix y fue construida a mediados del siglo XIV.

Antecedentes del sistema defensivo central.

Tras la caída del califato cordobés las incursiones castellanas, por el flanco que mira a la Sierra de Cazorla, debilitaron las defensas árabes. Esto provocó el reforzamiento de las líneas fronterizas con diversos tipos de baluartes. En época nazarí se creó una poderosa red de fortificaciones a lo largo y ancho del territorio, formada por alcazabas, castillos roqueros, torres de alquería, y torres atalayas de vigilancia. Se construyeron nuevos baluartes, y se reforzaron castillos levantados por los almohades, siglos atrás.

TORRE DE HUÉLAGO

TORRE DE HUÉLAGO

Las torres atalaya estaban enclavadas en puntos elevados, y alejadas de las poblaciones. Vigilaban el paso de personas y mercancías por sus tierras. Estas defensas estaban conectadas visualmente con otras torres y con los castillos o las alcazabas. 

Cada torre necesitaba un pequeño retén formado por dos o tres soldados, que eran suficientes para dominar un amplio espacio. Los guardias de las torres avisaban rápidamente a las guarniciones accitanas y bastetanas, de las posibles incursiones enemigas. Estos avisos se hacían mediante señales de humo durante el día y con hogueras por la noche. En el altiplano granadino se han encontrado registros de 31 torres.

Torre de Huélago

TORRE DE HUÉLAGO

TORRE DE HUÉLAGO

La torre de Huélago se encuentra a apenas un centenar de metros de la carretera GR-4103, que une Darro con Huélago, encima de unas canteras, y muy cerca de la antigua estación de ferrocarril de la localidad, hoy en desuso.

Aunque, este baluarte defensivo recuerde, por su planta rectangular y su forma prismática, a las torres de alquería, lo cierto es, que la torre de Huélago es una torre atalaya. Tiene una estructura muy similar a las torres atalayas de planta circular y desarrollo troncocónico, en las que su parte inferior es maciza y la superior hueca con un habitáculo.

La base de la torre de Huélago mide algo más de 5 metros de largo por 3,70 metros de ancho. Tiene sus lados mayores en dirección Norte-Sur. El estado de conservación es bastante malo.

De la fortificación han llegado hasta nuestros días, algo más  de 3,50 metros de su altura original, que corresponde con la parte maciza. Por encima de esta zona, la torre estaba hueca y sus muros se habían levantado de tapial de excelente calidad, de 70 centímetros de grosor, cuyos restos podemos ver esparcidos por el suelo, junto a la torre.

TORRE DE HUÉLAGO

TORRE DE HUÉLAGO

Coronaba el baluarte una terraza con parapeto almenado, con un ancho de 40 centímetros, que probablemente estaba realizada de hormigón en la parte superior y de tapial en la inferior. 

El acceso al interior de la atalaya pudo encontrase a poco más de 5 metros de altura. Para llegar hasta la puerta-ventana había que subir por una escalera, realizada de cuerdas o de madera, que se ponía y quitaba a voluntad.

El pequeño habitáculo estaba cubierto con una bóveda de medio cañón, realizada de mampostería. Tendría otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia y dispondría de una chimenea. La estancia contaría con una escalera para subir a la terraza.

De las cuatro caras de la torre de Huélago, solo se conservan las de los flancos Norte y Oeste. Las otras dos están incompletas. La del lado Suroeste está totalmente caída, y la del lado Este presenta una grieta vertical en la mampostería. 

La torre está construida de mampostería, alternando hiladas de piedras de mediano tamaño, con otras más pequeñas y planas. Cada cierto número de hiladas se aprecian hiladas de verdugadas elaboradas con restos de tejas y cerámicas. Conserva vestigios del enfoscado de mortero de cal en la mampostería de las caras Norte y Este, dejando visibles, en un segundo plano, las piedras, pero sin llegar a formar una vitola como ocurre en otros edificios castrales. Las esquinas están reforzadas con sillares.

Como la mayoría de las torres atalayas, esta se levantó en un lugar elevado y no parece que estuviera asociada a ninguna población cercana. Desde la torre se divisa una amplia llanura, llegando la vista hasta tierras jienenses, precedidas por la montaña de Mencal, y un poco más cerca, Guadix y sus alrededores.

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