
A las puerta del centro cultural de Churriana de la Vega, se alza una escultura que parece detener el tiempo y desafiar la gravedad. Un hombre alado, con gesto firme y mirada hacia el infinito, apunta al cielo mientras sus alas metálicas capturan la luz del sol andaluz. Es el “Homenaje a la Libertad, Ícaro”, creada en 2011 por el artista Diego Canca, un ceutí afincado en esta tierra granadina que ha sabido convertir el mito en símbolo y el metal en poesía.
El vuelo como metáfora de libertad
La figura de Ícaro pertenece a la mitología griega: el joven que, junto a su padre Dédalo, intentó escapar del laberinto de Creta con unas alas hechas de plumas y cera. Desoyendo las advertencias paternas, voló demasiado alto y el sol derritió la cera, precipitando su caída al mar. En la historia de Ícaro se esconden dos mensajes universales: la audacia y la fragilidad del ser humano frente a su deseo de trascender los límites.
En la escultura de Diego Canca, sin embargo, Ícaro no cae. Se eleva. No hay derrota, sino impulso; no hay tragedia, sino esperanza. El artista transforma el mito en un canto a la libertad interior, a la valentía de los sueños y a la capacidad del ser humano para reinventarse. Ícaro ya no es un joven que desafía a los dioses, sino un símbolo de la humanidad que busca su propio horizonte.
Un encuentro entre arte y cielo
La escultura, realizada en metal y montada sobre una base inclinada que refuerza la sensación de ascenso, se integra con el entorno urbano sin perder su poder evocador. Las alas, compuestas por una sucesión de plumas perfectamente delineadas, parecen listas para batirse en vuelo. La figura humana, musculosa pero serena, apunta con el dedo al firmamento, como si indicara la dirección de la libertad misma.

Quienes pasan por esta plaza de Churriana se detienen inevitablemente ante la obra. Algunos levantan la vista para seguir el gesto del personaje; otros se sientan en el banco cercano, bajo la sombra de los árboles, y contemplan en silencio el equilibrio entre fuerza y ligereza. El Ícaro de Canca invita a mirar hacia arriba, a recordar que el deseo de volar sigue vivo en cada uno de nosotros.
Diego Canca: el artista que vino al mundo con un lápiz en la mano
Para comprender la intensidad de esta obra, hay que conocer a su autor. Diego Canca nació en Ceuta en 1948, muy cerca del mar. Desde niño, su fascinación por el dibujo fue evidente. Él mismo afirma que vino al mundo con “un dedo más en la mano: el lápiz de grafito”. A los 14 años emigró a Barcelona con una carpeta llena de dibujos y una determinación que marcaría toda su vida. Allí conoció a Salvador Dalí, cuya influencia surrealista dejaría una huella profunda en su primera etapa artística.
Su trayectoria, sin embargo, no se detuvo en el surrealismo. A lo largo de los años, Diego Canca se adentró en el hiperrealismo pictórico, exploró las técnicas del aguafuerte y el grabado, y más tarde se abrió paso también en la escultura. Su arte, meticuloso y sensible, se caracteriza por una obsesión por la perfección técnica y una mirada humanista que impregna todas sus obras. Como dijo el catedrático Pedro López Ávila:
“en la obra de Canca conviven la intuición y la observación en comunión continua con su compromiso por lo bien hecho”.
Un artista total: pintor, escultor y escritor
A lo largo de su carrera, Canca ha expuesto en Madrid, Nueva York, Berlín, Frankfurt y Gante, entre otras ciudades. Ha sido premiado en múltiples certámenes nacionales e internacionales y cuenta con una sala que lleva su nombre en el Museo de Churriana de la Vega, donde reside desde finales de los años 80. En este pueblo granadino, además, una calle rinde homenaje al maestro.
Pero su creatividad no se limita a los pinceles o al metal: también es escritor. En 2009 publicó su primera novela, Te espero en el mar, a la que siguieron Dolores la mala y Todas las persianas no son blancas, formando una trilogía de tono poético y existencial. Su obra literaria, como su pintura, está impregnada de mar, melancolía y verdad. En sus palabras, “yo vivo de sensaciones; no represento lo que veo, sino lo que siento”.
El humanista contemporáneo
Quienes lo conocen coinciden en describirlo como un hombre generoso, detallista y profundamente humano. En noviembre de 2025, la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE) le rindió un emotivo homenaje en su sede madrileña, donde se reconoció su trayectoria como “un humanista contemporáneo”. Durante el acto, el presidente de la AEPE, José Gabriel Astudillo, definió a Canca como “un moderno visionario, un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI”.
Esculturas en Churriana de la Vega (Proyecto “Kilómetro del Arte”)
- Escultura Homenaje al Torero Frascuelo – 1998 – Jesús Palacín Gómez
- Escultura Homenaje a la Juventud – 2000 – Diego Cruz (Alfa-Arte)
- Escultura Homenaje al Escultor Domingo Sánchez Mesa – 2003 – Domingo Sánchez Mesa
- Escultura Homenaje a Cervantes – 2006 – José Salobreña
- Escultura Homenaje a la Madre (“Mater Natura”) – 2006 – Miguel Moreno Romera
- Escultura Homenaje a la Música (Homenaje a Falla) – 2006 – Miguel Moreno Romera
- Escultura Homenaje a la Agricultura (“Ceres”) – 2006 – Francisco Javier Galán Domingo
- Escultura Homenaje a los Trabajadores – 2007
- Escultura Homenaje a la Lavandera – 2007 – Francisco Javier Galán Domingo
- Escultura Homenaje al Dios Apolo – 2010
- Escultura Homenaje a la Libertad (“Ícaro”, versión autorretrato) – 2011 – Diego Canca
- Escultura Monumental “Inercia” – 2011 – César Molina Megías
- Escultura “Niños jugando” (Homenaje a la Infancia) – 2013 – Diego Cruz