
Desde pequeño soy un apasionado del esoterismo de mitos y leyendas. Había oído hablar del Santo Grial, la copa que empleó Jesús durante la Última Cena, un cáliz con propiedades mágicas como irradiar energía o curar enfermedades. Aunque se haya investigado con denuedo, no aparece por lugar alguno… ¿Queréis que os explique un secreto? Pues aquí donde me veis he descubierto el enigma de la vida eterna. Hace tiempo que me percaté de la insignificancia de nuestra existencia. No hay forma de escapar a la muerte. ¿O sí? Había escuchado una leyenda escandinava que hablaba de la mítica fuente de Mimir, que brota de las raíces del sagrado fresno Yggdrasil. Me entregué en cuerpo y alma a su búsqueda de lo desconocido. Mi sed de aventuras me llevó a explorar en los confines nórdicos hasta dar con el paradero exacto de la fuente de la juventud, cuya ubicación me reservaré por motivos evidentes. Cada día saboreo un poco de ese elixir mágico que guardo en un ánfora con objeto de mantenerme fresco como una
rosa
. Y cuando alguien se sorprende, puesto que no experimento señales de envejecimiento ni síntomas de deterioro físico, y pregunta azorado la razón de mi lozano aspecto, me limito a asegurar con una ladina sonrisa que he hecho un pacto con el diablo, ya que además de conferir la inmortalidad dicha poción otorga sabiduría e ingenio. ¡Ah, no insistáis en compartir un trago de semejante elixir porque no pienso malgastar ni una gota!
Ramón González Reverter