Soy muy afortunada. Dentro de unas horas recorreré las calles de Sevilla en primavera. Mi pituitaria percibirá al instante el aroma de azahar de sus naranjos en flor. Callejearé por sus barrios, bulliciosos y alegres, mientras el cálido sol templará mis huesos, acostumbrados a este oscuro y frío clima perpetuo instalado en mi insignificante vida.
Son muchos los viajes que he realizado, siempre a lugares donde la luz y el calor eran los protagonistas. Pirámides, palacios, mezquitas…; nada se ha resistido a mi apetito voraz por extraer de la vida parajes asombrosos, que alguna vez acogieron a personajes históricos, capaces de sobreponerse al olvido.
En mi cubículo se amontonan nuevos catálogos, sugerentes destinos que esperan mi visita. Desde que permanezco prisionera, en este oscuro y frío sótano, la imaginación y la lectura han sido mis únicos aliados.
Mi vuelo está a punto de aterrizar, y la capital hispalense está llena de lugares emblemáticos donde perderse. Durante unas horas, abandonaré esta jaula que mis padres se empeñaron en construir para mí, y dispondré del tiempo a mi antojo. Nadie podrá evacuarme de este reducto, mi preferido, el que no estoy dispuesta a dejarme arrebatar: la fantasía.
Carmen Ruiz Ruiz