
Parapetada en tu interior, he sido pasajera sin billete, viajera anónima, polizona clandestina. Tu piel y mi piel han sufrido los estragos de la intemperie, la sacudida de los vientos, la tibieza de la cálida primavera, el sofocante calor del tórrido estío. Juntas, hemos visto hermosos amaneceres, intensos crepúsculos, inquietantes oscuridades. Hemos reído en los parajes más exóticos y llorado en los destinos más terribles. En definitiva, hemos aprovechado al máximo el tiempo que nos asignó el azar para permanecer unidas como un solo ser. De todos los lugares que visité contigo, no sabría decirte cuál fue el más apreciado, pero tengo claro que, cuando nazca, el rincón que siempre recordaré con más ternura y al que no dudaría en regresar será el de tu vientre: ¡MADRE!
CARMEN RUIZ RUIZ