
Siempre fui un desagradecido y un déspota y en cierto modo creo que me merezco este final, morir aquí en soledad. No he conocido la empatía y seguramente mi desaparición y muerte cause más alegrías que lloros. Pero hoy, bajo los efectos del alcohol, no me queda otra que dar gracias.
Quisiera comenzar por agradecer al Sr. Federico Tobar que transportase en su maleta tres botellas de coñac, de las cuales ya me he bebido una y puedo dar fe de que estaba muy bueno.
Por supuesto, quisiera dar las gracias también, a la Sra. o Srta. Rita Socuéllamos, pues por ella, y por el mechero que tenía en su pantalón el Sr. Fernando Gallardo (que en paz descanse), he vuelto a fumar después de catorce años. ¿Cómo no voy a fumar un buen habano de esa caja de “Montecristos”?
Tampoco puede faltar mi agradecimiento a ese excursionista anónimo, que tenía como equipaje esa mochila de montaña repleta de utensilios (saco de dormir, navaja multiusos, cuerda, alambre…) Me están haciendo más fáciles mis últimos días aquí en este paraíso.
Por último, mi mayor reconocimiento es para la compañía marítima Modern Sea, por ofrecerme la oportunidad de conocer esta maravillosa isla y satisfacer mi apetito y sed gracias a los sándwiches, botellas de agua y latas de refresco que continúan llegando a la playa.
Al resto del mundo, espero que seáis muy felices y disfrutéis cada momento de vuestras vidas, pues en cualquier instante vuestro barco también puede irse a pique.
Jorge Arce Marijuán