
Llegamos a la ciudad más austral del mundo, donde se juntan las aguas de dos colosos océanos, y los buques lucen letras grandes que dicen: “DESTINO ANTÁRTIDA”.
Las diferentes banderas se izan majestuosas, con nombres curiosos. El resto, era todo blanco. ¿Hubieran sobrevivido el capitán Agab y Moby Dick?
Los mascarones de proa y popa, al menos en apariencia, pertenecían a un pasado extinguido. Eran torres, edificios impresionantes caminando seguros en el mar helado.
Ciudades flotantes, con la cordillera andina curiosamente al este de Argentina, sus cumbres asomándose fuera del agua. Luego, nos deleitarían las pingüineras.
Íbamos a la base uruguaya Artigas. Recorreríamos muchos otros lugares, mares y tierras.
Pasaron doscientos años desde desde todos los intentos y delirios de Arthur Gordon Pym, en una tierra helada que ni siquiera los grandes científicos conocían.
La máquina fotográfica sonaba cual metralleta de Ernest Hemingway.
Laura Santestevan Bellomo