Los ladridos la sobresaltaron, haciéndola soltar el haz de ramas.
-¡Jesús!
-Disculpe – el recién llegado llamó al perro y saludó elevando el sombrero – No tema, es inofensivo.
-¡Vale! – sonrió la joven – “Perro ladrador, poco mordedor”.
El otro, bajo el bigote, devolvió la sonrisa.
-Soy Aquilino – dijo tendiéndole la mano – Es un placer conocerla…
-María – contestó ella – ¿No es saldañés, verdad?
Aquilino volvió a sonreír.
-Herrerense soy; pero me he enamorado de Saldaña y su naturaleza…
-¿Qué me cuenta? – atinó a replicar María.
-Le cuento, por ejemplo, que esas ramas son de Swida sanguinea…
-Yo creía que eran de sanguino – ironizó ella.
Aquilino sacudió la cabeza.
– Swida sanguinea es el nombre científico del arbusto conocido como “sanguino”. Su madera sirve para fabricar mangos de herramientas; pero estas ramas son demasiado delgadas ¿qué piensa hacer con ellas?
-Tejer cestos para llevar mis quesos al Mercado.
-¿Fabrica quesos?
-Sí: tengo una vaca lechera…
-Y no es una vaca cualquiera, supongo – interrumpió él.
-Pues no, es una vaca frisona que… – comenzó ella hasta notar el tono zumbón – ¡Se está burlando!
-Disculpe – se excusó él.
-Le disculpo, aunque no le vea ninguna gracia – María despedía fuego por las pupilas– De ser usted, vigilaría mejor ese perro, está comiendo hierbas venenosas…
Aquilino miró en todas direcciones, desesperado. La sonora carcajada de la muchacha le dejó claro que no había de qué preocuparse.
Luis Antonio Beauxis Cónsul