Todas las mañanas, allá sobre las once, me siento en el tercer banco empezando desde la izquierda del parque más cercano a mi casa. En él el sol calienta sin cegar la vista, las palomas vienen a saludarme y puedo ver a la chiquillería jugar en el parque a cierta distancia. Hoy, en cambio, el banco no era tan tentador. Una mujer había ocupado mi rincón favorito de la ciudad. He dudado, no sabía si era una señal o un golpe de mala suerte . Mientras estaba debatiéndome entre estas dos posibilidades, la usurpadora me ha saludado y me ha dicho “te estaba esperando”. Hemos conversado un rato, hacía tiempo que no juntaba diez palabras seguidas con nadie. Mañana espero que el banco vuelva a estar ocupado, para que siga siendo mi rincón favorito de la ciudad.
Gisela García Fullana