Aquella madrugada comprendió, más que nunca, que el mundo solo le pertenecía a quienes se atrevían. Y, a pesar de no haber cumplido todavía los 13 años, hacía tiempo que sentía esa necesidad imperiosa de dar un paso adelante y comenzar a trazar su propio camino. Era totalmente consciente de que en la vida había que correr ciertos riesgos y peligros para alcanzar un sueño; y el suyo, caprichosamente, estaba a escasos kilómetros. El sol aún no había aparecido en el horizonte cuando, tras reunir el valor suficiente, se escondió en los bajos del camión con la esperanza de perder el sur para encontrar su norte.
César Guessous Sacristán