Y cuando siento que el mundo se me hace grande, cierro los ojos.
Y me imagino a mi abuelo junto a mí, apretando mi mano, como solía hacer cuando notaba que estaba nerviosa. Su ronca voz seguía haciendo eco en mi cabeza, una dulce melodía que calmaba mi alma. Su presencia me generaba confianza,junto a él sentía que podía con todo y que todo tiene solución. Porque a veces nuestro lugar favorito no es precisamente un lugar, sino una persona.
Hajar Oundir