Recuerdo mi infancia como si fuera ayer; las risas, los gritos, y los espavientos. Recuerdo a mis compañeros de colegio contar historias sobre lugares increíbles que habían visitado en sus últimas vacaciones. Recuerdo como mis padres me consolaban, mientras pequeñas lágrimas recorrían mis mejillas sonrosadas, y mencionaban lo afortunado que era por poder conocer esos mismos parajes y otros grandes rincones del mundo; algunos de ellos, pendientes de explorar. Recuerdo, como entonces, no supe entender ni comprender el valor de esas palabras, ni de los billetes con los que yo viajaba; libros repletos de playas, desiertos, glaciares o simples calles que, con todo su amor, me regalaban. Hoy recuerdo la riqueza que mis padres me dejaron como herencia, mientras pequeñas lágrimas recorren, de nuevo, mis mejillas sonrosadas.
Melanie Belmonte