Hay una ciudad hecha de barro y arena. Con una Universidad de tierra levantada por un moro granadino.
Rodaba por mi casa, siendo yo niño, un Libro de las Maravillas, donde se dibujaba a Tombuctú como cruce de caminos en el desierto. Asombroso que en un desierto haya cruces de caminos. Una ciudad donde había esclavos y se cambiaba oro por sal. Todo mágico.
Cada tormenta de arena, decía el libro, cambia el dibujo del horizonte y pinta las calles de polvo.
También decía que al igual que Venecia dejará de ser ciudad y será mar, así Tombuctú dejará de ser ciudad y será duna.
Sueño eterno: pisar su arena y admirar su barro antes de que el viento la deshaga.
Diego Durán Franco