Verde. Lo primero en lo que piensas es verde. Mires donde mires. Hojas te envuelven y te atrapan en un abrazo del que te gustaría no salir nunca. Esas hojas están unidas a ramas y esas ramas están unidas a troncos con bonitos nudos y giros. A veces, cuando miras bien, cuando te quedas en silencio, puedes ver vida en ellos. Sollozos y risas y mil y una preguntas de curiosidad insaciable.
Y, en medio de ese bosque, un agujero negro. Absorbe todo a su alrededor, hasta la luz. Sobre todo, la luz. Está lleno de luz. También te absorbe a ti. Alguien dijo una vez “si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada”. Y el agujero responde sin palabras “si te absorbo quizás es porque también estás hecho de luz”. Y tú te preguntas cómo es posible que alguien dijera “Dios ha muerto” cuando nadie más podría haber creado esa combinación de verde, marrón y negro.
Entonces parpadea y escapas, por un segundo, de su prisión. Sin embargo, pronto vuelves. Siempre vuelves. Porque no hay rincón en el mundo que te guste más que esos ojos verdes.
Paula Crespillo Arriaza