Siempre hay un lugar que nos representa mas porque las sensaciones que nos brinda son especiales. Elegirlo no me cuesta pues representa todo lo que busco como viajero, alegría, belleza, clima, diversidad generacional y cultural ,sus pequeños defectos comienzan incluso a no desagradarme. Ese lugar es Benidorm, a donde mi viaje de novios me llevó hace años de camino a Andalucía y que se convertiría ya en el refugio de mis vacaciones familiares, considerarla especial entre otras no es hacerlas de menos sino engrandecerlas mas. Empaticé con ella porque sus luces y edificios desbordan mi imaginación y me trasladan sensaciones americanas sin salir de casa, llegar representa recordar mi juventud y disfrutar en ella de mi madurez; enigmática ciudad en la que sabes a lo que vas, no sabes lo que en ella vivirás y cuando la abandonas te preguntas, ¿porqué vendré si cuando marcho siento pena y ansias de regresar una vez y otra vez mas?. Disfruto viviendo la fiesta de su noche, la diversidad de sus culturas, el romanticismo de sus playas por la noche y la calidez de sus playas por el día, del lento pasear de la vida por sus calles y de la locura vital de sus locales donde ya queda algo de mi historia personal. Todo me vale con tal de ver atardecer desde una terraza de su paseo marítimo saboreando una caña entre tanta gente mientras disfruto de la soledad que me brinda esa tierra que tan generosamente saben compartir.No me cuesta reconocerla como ese lugar que me permite desconectar del tiempo cuando todo va bien o cuando todo va mal.
Luis Cabaneiro Santomé