No siempre soy capaz de comprender este extraño mundo. Las malas noticias, las tragedias, fracasos e injusticias suceden a nuestro alrededor cada día.
Vuelvo a la cama, un escalofrío me recorre, el silencio de mi habitación me da una paz inenarrable. Aún hay ruido, está dentro, los problemas se pasean por mi cabeza indetenibles como el implacable avanzar del reloj. La frustración me consume al chocar contra mis limitaciones ¡No puedo contra tanto!
Me giro, suspiro y sonrío, admiro mi rincón favorito. Allí sobre el mesón, con ciento cuarenta páginas, el libro que me regaló mamá brilla como luciérnaga dando esperanza en la inmensa oscuridad. Lo tomo y cedo ante él, sus líneas, y la magia que esconde tras ellas, el ruido en mi cabeza es opacado por las maravillosas aventuras que ahora detalla mi imaginación mientras me pierdo en un mundo fantástico que me atrapa con el pasar de las páginas. ¡Mares, desiertos, montañas y bosques! Acompaño a los personajes en un viaje plagado de peligros tal como la vida y es con ello que consigo inspiración, ellos tampoco comprenden ese mundo desconocido, pero lo enfrentan y vencen.
Son solo historias, dirán algunos, pero los latidos en mi pecho cuando las leo son reales. Cierro el libro, mi mente en silencio, mi sonrisa invencible, el fuego de mi alma arde más que nunca, adoro visitar mi lugar favorito.
Christopher David Da Silva Amoedo.