Ella había soñado siempre con pisar ese suelo, al llegar y ver aquellas deslumbrantes montañas, exquisitos edificios, y el frió mar, sus ojos se empaparon, su boca se abrió levemente, y el corazón le palpitó con tanta fuerza que ensordeció a esa tierra.
Lo había soñado hacia años, ahora era realidad, se fundió con el más bello paisaje, se sintió parte de la gente, regresó a su rincón del mundo, pero aquel latido se quedó, se quedó impregnado en una tierra lejana que nunca la olvidará, que siempre la llamará.
Andrea Pereira