La primera vez que hice el recorrido, un pequeño tronco asomaba tras una enorme piedra. Mi madre siempre descansaba unos momentos sobre la piedra si el camino era soleado, y yo descansaba con ella. Al tiempo, descansábamos, comíamos y dormitábamos los días de sol a su sombra, y tumbados en la piedra mirábamos hacia arriba, y lo contemplábamos. Guardo todavía viejos sueños de niño bajo sus hojas, sobre aquella piedra. Ya no juego ni dormito, solo sueño y observo la escena desde fuera; el campo abierto y el bosque a lo lejos, la piedra, el árbol y el cielo, y despierto.
Luis Carlos Reina Romero