¡Hola a todos! Bienvenidos a Vertig del Rin, gracias por visitar nuestro bonito pueblo – les digo a los turistas que se arremolinan frente a mi ventana cada día en los meses de verano, pues mi casa se ha convertido en parada obligada – Como habéis visto – prosigo – el gran río lo divide en dos y podemos observar las diferencias extremas entre la parte Este y la parte Oeste del cauce. Aquí, en el Este, vivimos los niños y por eso hay tantos parques y las casitas son de colores y, supongo que ya os habréis fijado, todas ellas tienen, al menos, un tobogán. Siempre vamos en pantalones cortos y las niñas llevan trenzas y nos pasamos el día en la calle, jugando y disfrutando de la naturaleza. Si paseáis por el cauce Oeste, veréis que las casas son grandes y señoriales, aunque no veréis muchas personas por la calle, son los adultos y se pasan el día trabajando en sus negocios absurdos que les agotan para nada, así que cuando terminan la jornada se meten en casa a descansar. – Y aquí más o menos suelo acabar mi discurso porque siempre hay alguien que me pregunta, muy indiscreto:
—¿Pero tú cuántos años tienes?
—84. —respondo orgulloso.
Beatriz García