Entre niebla acecho olvidada, nostálgica reivindico en silencio, bajo estas aguas duerme quien menoscaba, bajo ellas… ¡Mil seiscientas almas! Fue un mes de abril – cercano el alba – cuando tu vanidad obtuvo respuesta, cuando naufragio inundó portadas. Todavía ríe don ártico, todavía gesto desgracias. S.O.S, aquí Terranova. S.O.S, aquí una plegaria. S.O.S, advierte el hielo. S.O.S, escucha y cambia. Hermosa como Granada, letal como una plaga, mi supervivencia define la tuya, con mi muerte todo acaba. De lecciones huye el hombre (aprender, no aprende nada), la suerte del Titanic ilustra alguna saga. No vikinga, leyenda hermana, sus barcos una muestra de ciencia exacta. Feliz parecía Erik, descubierta Groenlandia: tierra de fiordos, glaciares, drama. Desde Noruega a Siberia, rumbo oeste, hacia Alaska, el océano vigila sin descanso, la atmósfera nutre borrascas. Lo sabe el pescador – cuyo oficio malpagan -, testigo de auroras boreales, entregado a dudosa causa. Pesca, maldito, pesca, agota la riqueza brindada; pesca, maldito, pesca, y Poseidón te borrará del mapa. Pero, antes, visita mi hogar; antes, disfruta mi belleza; antes, recuerda que existo; antes, medita con pausa. S.O.S, aquí Terranova. S.O.S, aquí futuro. S.O.S, aquí… ¡esperanza!
Jorge Blanco