En un lugar, allá, en el tercer cielo existe una ciudad ideal. Se dice que brilla porque tiene la Gloria del mismo Dios. Sus habitantes serán una raza de hombres y mujeres con una nueva naturaleza, que habrán superado el mal, la enfermedad, la violencia…
La ciudad está bellamente construida. Su principal material es el oro, de modo que ningún arquitecto humano, hallaría lo suficiente para construirla. Posee una arquitectura espléndida, con un muro de jaspe, doce cimientos adornados de piedras preciosas y doce puertas de perlas con guardianes angélicos.
Su sistema de gobierno es el Reino de Dios. El Cordero divino la regirá con abundancia de paz: ya nadie irá a la guerra. Los niños alegres jugaran con las serpientes, el lobo y el cordero juntos pastarán. No requerirá de luna ni de sol, porque el mismo Dios la iluminará. Implementará un sistema de justicia que permitirá el perdón de la iniquidad y devolverá la pureza de labios a sus ciudadanos.
Pero, aún, hay más, su sistema de salud y seguridad social consistirá en un río con aguas salutíferas y un árbol que producirá su fruto, cada mes, para la sanidad de todas las naciones.
Se dice que nadie morirá en ella, antes de cumplir su ciclo vital. Considerándose que a los cien años sería un siniestro prematuro.
En ella hay un trono alto y sublime y el que está allí sentado se llama el Alfa y la Omega. El principio y fin…
Erika Zulay Bravo Martínez