La palabra es un elemento tan común, que trasciende de forma imperceptible para la gente; se da por hecho como algo tan natural como respirar, comer o dormir. Sin embargo, hay veces, probablemente tan pocas como para tratar de contarlas, pero tan impactante que esas minúsculas veces se tornan tan trascendentes, en que en ciertas mentes llega a atormentar tanto, que no cesa de resonar hasta que finalmente se convergen los elementos necesarios para pasar de ser un simple elemento convencional, a ser un ente vivo que nace no sólo en la mente, sino en el corazón y alma de quien las concibe. Y es en momentos tan imprevisibles en que esta semilla nace, no existiendo forma de identificarla, empero, es lo que le da vida y hace florecer la creación literaria.
Así como de imperceptible y convencional es la palabra al común de la gente, igual lo es la majestuosidad del águila que corona el domo del Kiosco Morisco . Dentro de la escalinata y pilares que le sostienen, yace secreta y perpetuamente, la fuente de la que emanaron las primeras palabras de mi literatura, manifiesto simple por expeler el incontenible deseo por crear, hacer nacer desde mis pensamientos, el grito mudo de mi propio universo.
Sentado al pie de sus imponentes alas, silenciosas y abrazando mi callada voz, vio por vez primera nacer la dualidad entre la cordura de mi realidad, con la locura de mi tinta.
Héctor Iván Gil Curry