La belleza más grande es la magia de la inocencia que al infante hace imaginar un mundo tan pequeño, que cabe en el palmo de su mano, pero tan inmenso, que se carece de barreras que limiten su potencial. Y es el mar quien mejor puede simbolizar este ilimitado mundo tan perfecto y lleno de vida.
En un lugar en el Pacífico, se haya una bahía que infinitos sueños ha despertado. Fuente de canciones, poemas y sueños, es de igual forma el lugar donde mi mente viaja toda vez que la realidad de ser adulto me conduce al hastío en que el lugar donde vuelvo a la paz, es esas playas de arenas pálidas y cálidas donde imaginé un mundo donde no existía lo imposible.
Las noches coronadas de tintineantes luces tanto en el cielo como en la tierra, que conjuntas se entremezclaban en el reflejo de las apacibles aguas, en la espuma de la arena han emanado las palabras en las cuales he vertido mi ser. Oculto al velo de la tenue luz de la luna, el susurro de las olas canta cada una de las palabras en que desde mi infancia, entono las melodías de mi enmudecida voz.
Héctor Iván Gil Curry