-Si no te comes toda la papa la santa se pondrá brava contigo -dijo la abuela apuntando con el cubierto hacia el acaudalado rincón, donde la Virgen, desde su altar, exhibe un cuello aglutinante. El niño traga en seco y enseguida sonríe.
-Pero, yaya, si ayer cuando se te rompió, le pusiste la cabeza con pegamento.
Ana Rosa Díaz Naranjo