Vine aquí siendo muy pequeño, lleno de miedos y de dudas, no sabía a que atenerme; en mi corta vida ya había sufrido malos tratos y eso me generaba desconfianza ante cualquier situación. Sin embargo, aquí todo fue diferente, desde el primer día me trataron con mucho cariño, con amor diría. Se han vivido momentos difíciles en este país, guerra incluida, pero a mí nunca me ha faltado un plato de comida, ni agua para beber, ni tampoco una palabra amiga. Desde que entré en esta casa tuve mi rincón particular, ese sitio que puedo considerar como verdaderamente mío. Aquí duermo, como, bebo y juego cuando me apetece. Ha habido momentos muy felices y algunos más duros, pero nunca he vuelto a recibir malos tratos, como antes de venir aquí; incluso mientras duró la enfermedad de ella, que junto a la guerra, fue el periodo más difícil para él, tampoco se olvidó ni un día de mí, ni pagó su frustración o su desgracia conmigo, todo lo contrario: jamás me ha faltado de nada y ahora puedo decir muy alto, aunque no se me entienda: Gracias por haberme salvado la vida. En la perrera, justo el día en que él me recogió, había escuchado que a la mañana siguiente me iban a sacrificar.
Pedro Ran Pérez