Una caja no muy grande y vacía que con el tiempo sigo moldeando al ir incorporando sentimientos, emociones, conocimiento, creatividad, lógica y generador de movimiento, se ha convertido en mi pequeño rincón de inspiración, mi pensadero particular que puedo portar allá donde vaya, a cualquier parte del mundo en el que quiera estar. Dicen que pensar se puede hacer en cualquier parte; que pensar no ocupa lugar por eso esta caja la puedo llevar siempre, no molesta, es invisible, pero soporta mucho peso, incluso, a veces es difícil de manejar porque está llena de recuerdos y de sueños cumplidos, sin cumplir y los que se cumplirán.
En ella puedo crear, imaginar, alegrarme, enfurecerme o llorar, chillar que solo puedo oírlo yo misma, criticar y admirar, siempre soy la protagonista, la dueña y señora de mis dominios, hago y deshago a mi antojo, maldigo porque, aunque sea la autora de la historia, a veces no sale como quiero y la vuelvo a pensar intentando buscar distintos finales hasta que alguno me enamore.
Si algo no me gusta o no me interesa lo que me dicen, me aíslo, me evado a mi pequeño mundo peculiar pensando que yo soy el único ser inteligente con el que puedo hablar. En algunas ocasiones pienso –¡Madre mía seguro que de tanto uso que le doy a esta pequeña caja que algún día se desgastará!–.
Ahora vuelve a ser de noche, mi pequeño pensadero particular, mi pequeño rincón de inspiración, ese lugar llamado Mente, necesita descansar.
Yurena Brito