Siempre me hablaba mi querido abuelo de las aguas del esplendoroso azul mar del rincón del pacífico, y el contraste con sus pálidas pero vivas playas, que hacían resaltar aún más la majestuosidad del océano. Yo me extrañaba, pues él no conocía el mar, ni siquiera había estado cerca; vivíamos a las afueras de la ciudad en una gran meseta, a más de 2500 metros de altura, al subir la mirada se podían ver montañas nevadas, y nunca habíamos salido de allí. Pero él estaba convencido que el mar del rincón del pacífico era de agua dulce como la quebrada que pasaba tangencialmente por el terreno de su finca, yo le decía- abuelito el agua de mar es salada y ese lugar queda demasiado lejos de aquí, además es muy difícil llegar, necesitaríamos tomar avión, pasar un tramo en carro y después varias horas de lancha -. Entonces una de aquellas veces, ignoró mis palabras de manera amable y sacó una antigua revista deslucida, donde la única fotografía en que se notaba un azul tenue era una con el título- Las Aguas Dulces del Nítido Azul Mar de Nuquí, El Rincón del Pacífico. Hoy, diez años después, que he sabido llegar, voy caminando sobre sus suaves playas, acercándome y mirando el horizonte, me percato cuánta razón tenía mi abuelo, compruebo su azul nítido, y en unos segundos confirmare el dulce sabor de sus aguas saladas.
David Gaona Ramírez