En el deseo de encontrarte visito el océano en el que te refugias, pero me pierdo en el intento de poder hallar tu delineada forma de pez.
Y miro al cielo esperando que las gaviotas me marquen tu rumbo, pero ellas, al igual que yo, volverán a tierra sin saber si eres real o tan solo una leyenda en boca de antiguos navegantes.
San Borondón, la errante, la efímera, la tímida isla canaria que perdida entre brumas juega con la imaginación de los isleños… Aquellos que soñamos con poder contemplar, algún día, tu solemne silueta en el azul del horizonte.
Gloria de la Soledad López Perera