Estoy pendiente del teléfono. La he dejado fuera de cuentas. Tengo que acompañar a los “jefes”. Han quedado fascinados, no es de extrañar, en cada esquina, en cada calle hay algo que admirar.
Se han despedido y me he quedado a las puertas de la fortaleza. Atisbo la entrada a unos jardines, sin gentío, el murmullo del agua de las fuentes me acompaña. Se mezclan distintos estilos y en cada encrucijada hay una estatua de mármol .
Sigo paseando hasta llegar al mirador del Carmen de los Mártires, desde donde la madre de Boabdil le dijo: ”Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”.
Estoy fascinado por el entorno. Suena el móvil. Es mi madre.
Has sido padre. Es un niño precioso.
Me quedo sin palabras. A mi también se me escapan unas lágrimas.
Guillermo Méndez González