En esta visita a Roma, desde una de sus insulzas esquinas la Avenida Vittorio Emanuele II me revela otra esquina que nunca antes he visto. Detrás hay una curva cerrada, como las descritas por las calles que han nacido a la vera de un teatro o de un anfiteatro. Después hay una calle tirando a angosta, que va dar a Campo de’ Fiori y persiste en su espacio medieval. Sobre una placa de mármol labraron el nombre oficial de esta calle, y abajo los comerciantes pusieron un cartel que dice: “Via della Poesia”.
Muchos rincones así, Roma, me has dado en el curso de los años. ¿Cuántos más me quedan todavía por descubrir? ¿Cuántos, que tantos otros paseantes habrán descubierto antes de mí?
Marcelo Sánchez