Me coloqué los auriculares y un mundo nuevo se abrió. Mi cuerpo reventaba en emociones y mi cabeza proyectaba ante mis ojos un universo de recuerdos: mis mejores épocas, mis amores pasajeros y otros eternos, mis momentos más tristes, también aquellos días en los que jugaba en la calles, mis días en la universidad, todos los trabajos por los que pasé y todas las fiestas en las que bailé, tomé, comí y canté. Una vida de recuerdos en tan solo un par de canciones. Por unos segundos, observé con detenimiento el paso del tiempo a través de las arrugas de mis manos. Luego, me los quité y todo volvió a ser como antes. Mis arrugas ya no estaban, pero había logrado inspirarme lo suficiente para inventarle una vida al protagonista de mi microrrelato.
Alejandro Mafut