Hay un lugar, en medio de la nada, donde los sueños son posibles. Ella lo sabía bien, e iba allí cada poco tiempo, buscando hacer realidad sus deseos. Caminaba por horas, hasta que ya no sentía los huesos, y cuando se veía lo suficientemente rodeada de naturaleza, respiraba. Sus ojos ya se cerraban por instinto, dejándose llevar por el sonido del viento moviendo las hojas, por la calidez de los rayos de sol que se colaban entre las ramas, por el tacto de la hierba rozando sus pies.
No caigamos en equivocaciones, aquel bosque no poseía magia alguna, no le susurrabas un deseo y lo hacía realidad. Pero era tal la libertad que uno sentía consigo mismo, era tal el sentimiento de que cualquier cosa podría ser posible… ese era su poder, te hacía creer en que sí, en que tú sí, sí podías. Y muchas veces, eso es más poderoso que cualquier deseo suspirado al aire.
Diana Palacio Roiz