Lo que más echaba en falta era el aletargante sonido del agua, ese melodioso fluir que casi ya había olvidado.
Si —pensó, definitivamente aquello era lo que ansiaba volver a oír, su fuente de inspiración.
Se desperezó como mejor pudo y trató de concentrarse en el largo camino que hoy iba a recorrer. Tenía que averiguar cómo poner a funcionar de nuevo el eje temporal: se había quedado sin ideas para escribir.
Adrián Pueyo Bernardini