Los caminos son sinuosos y conducen a un lugar único. Los senderos, fascinantes, desembocan en rincones paradisiacos. Los árboles centenarios se erigen en fieles guardianes de los tesoros allí depositados. Y en el suelo, a modo de alfombra, miles de hojas dan la bienvenida a pies ávidos de rutas.
Montañas salpicadas de pueblos como joyas engarzadas en sus dominios. Iglesias vigilantes en lo más alto muestran sus airosos campanarios que dispensan un paisaje caprichoso dónde la belleza surge de forma innata. Es el bagaje universal para ojos curiosos y mentes inquietas.
He recorrido tantas veces sus caminos, me he empapado tanto de su historia, que si fuera ciego podría percibir la hermosura del paisaje con solo intuirlo. Si fuera sordo podría oír el canto de los pájaros con solo verlos. Si careciera de olfato podría oler las flores al observarlas. Y si no tuviera paladar podría saborear todos y cada uno de sus aromas.
Isabel Sanfeliu Pujadas