Después de un sinfín de arriesgados lances, con los cuales acaso están ustedes familiarizados, pues se trata de una lectura muy popular, por no hablar del cine e incluso la televisión, en realidad no sabía cómo regresar a Ítaca con mis hombres. Por fortuna, el poeta que me escribe sí y nos puso en el rumbo adecuado:
—Gracias, jefe.
—De nada, hombre.
Francisco Javier Rodríguez Barranco