«Mañana a esta hora ambos estaremos muertos. Puede que incluso en este mismo instante ya nos hayan descubierto y estén dirigiéndose hacia aquí. No debí apretar aquel gatillo, pero todo lo hice por ella. Porque solo con mirarla me convierto en otra persona. Alguien que no tiene miedo ni inseguridades. Alguien que ni siente ni padece. Alguien que solo es. Y es en sus ojos color zafiro donde no temo ahogarme, porque sé que estará ahí para tenderme la mano. Una vez más. Y aquí estoy, como un imbécil, viendo cómo apura las últimas caladas de su cigarrillo apoyada en la ventana, observando las luces que bañan Barcelona. Como un pájaro enjaulado que ansía libertad. Pero ya nada importa, es nuestra última noche con vida. No importa quién nos oiga. No importa quién nos esté buscando. Solo somos dos cuerpos en esta fría habitación de motel. Y vamos a hacer que arda…»
Alberto Godoy Delgado