Imaginar una playa virgen, es un sueño, encontrarla una suerte y un privilegio. Me ocurrió hace más de veinte años en Marea del Portillo. Una ensenada que solo las olas del mar habían visitado. Arenas negras, espesa vegetación, un refugio de laa naturaleza en estado puro.
Sentada, disfrutando de la brisa, introduje las manos en la arena y para mi sorpresa se me llenaron de caracolas y crustáceos vivos, eran miles por todos lados, fue una mezcla de estupor y alegría, nunca había imaginado poder ver tantos animales en su medio natural. Caminando por la playa encontramos troncos y ramas con figuras talladas por la erosión, preciosas obras de arte. Hasta encontramos tres monedas españolas procedentes de algún naufragio.
Nos adentramos un poco, pero la vegetación era muy espesa, encontramos plantas que no imaginaba que existían, con fascinantes colores en tonos verdes, rojos y violetas. No me atreví a tocar nada, quería preservarlo como un museo, aquella belleza que había tenido el privilegio de contemplar; porque estoy convencida que de lo simple, surge la maravilla…
Rosa Martín Tejera