Don Quijote llegó a la tribu primitiva un tanto desconcertado. Llevaba rato buscando posada y los caminos se le antojaron extraños. ¿De donde había salido esa gente de piel oscura? Más acostumbrado a gigantes, ni siquierasacaba la espada del cinto. Le preocupaba que Rocinante no tuviera herraduras nuevas para los pies y que la ración de tocino fuera generosa. El jefe revelaba. Los nativos acariciaban la piel blanca del forastero. Don Quijote pensó si aquellas gentes se habían bañado en chocolate.
Tardaron en intercambiar espadas y flechas, en enseñarse la forma de utilización.
Hablaron de los enemigos y comieron del mismo plato.
Sólo después Don Quijote se dio cuenta de que estaba en África y allí no había molinos. Su fiel escudero Sancho ya no le decía que estaba loco de remate sino que por fin le había entrado algo de cordura.
-Ves Sancho,no es tan fiero el león como lo pintan_había dicho.
-No, mi señor, pero. ..quería replicar.
-Allá donde fueres, haz lo que vieres, Sancho .
Respeta sus costumbres y te respetarán.
Lourdes Aso